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A trabajar se dijo

¿Qué nos puede enseñar una ardilla sobre persistencia?

manuelita otero

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El otro día estaba visitando a mi tía aquí en los Estados Unidos y ella feliz me mostró su nuevo comedero para pajaritos. Mientras mirábamos por la ventana notamos a una ardilla que se acercó al comedero y realmente le gustó lo que vio, así que no se iba a dar por vencida hasta conseguir comer un poco de aquello que vio tan apetitoso. (Video) Me pareció increíble la persistencia de esta ardilla, simplemente no paraba de tratar de una u otra forma de alcanzar la comida y en ese momento pensé: “yo necesito tener esa persistencia”.

¿Hay algo que simplemente no puedes sacar de tu cabeza? ¿Un proyecto, un sueño, una idea que no te abandona? ¿Ese tipo de cosas que de pronto has contemplado, has trabajado en ellas, luego, las has dejado a un lado, pero hagas lo que hagas siguen regresando a ti? ¿Qué puedes hacer cuando lo que te apasiona no está produciendo los resultados que esperas, quieres o necesitas? La ardilla tiene unas respuestas:

  1. Enfócate en la meta: La ardilla sabía lo que quería. Las semillas en el comedero de pájaros se veían demasiado buenas para dejarlas ir. El objetivo estaba claro. Sin distracciones ni complicaciones. ¿Sabes lo que realmente quieres lograr? No solo me refiero a lo que quieres hacer o cómo lo quieres hacer. En los negocios muchas veces el problema principal es no saber lo que estás vendiendo ni lo que quieres alcanzar.

  2. Planea: ¿Notaste como la ardilla de repente paraba y miraba el alimentador? Pareciera como si estuviera ensayando en su mente cada movimiento para lograr conseguir la semilla. Estaba planeando su siguiente paso. Pasión es la gasolina que necesitas, pero planeación y estrategias claras son las dos cosas que te ayudarán a utilizar esa pasión de forma inteligente. Cada esfuerzo debe ser parte de un plan, el cual necesita ser lo suficientemente flexible para ajustarse a cambios, pero a la vez estar muy bien estructurado para lograr el éxito.  

  3. Busca otra forma: La ardilla usó diferentes formas para obtener la semilla y si notas en el video la que finalmente funcionó fue completamente diferente a los demás intentos. Hay muchas formas para resolver un problema, para producir un buen servicio, para alcanzar tu mercado, para dar a conocer tu producto. La respuesta está ahí, búscala en diferentes lugares, de diferentes formas, abre tu mente, escucha a personas que piensan diferente a ti, permite momentos de silencio, toma riesgos y convierte los problemas en oportunidades.

La persistencia vale la pena, si no me crees mira de nuevo el video. ¿No te parece que la ardilla se ve contenta y satisfecha? “No te des por vencido” es más que un slogan, es una forma de vida.

P.D. Mi tía está en realidad muy triste porque las ardillas se están comiendo las semillas de los pajaritos, así que tienes algunos tips para lograr parar a esta persistente ardilla, te lo agradezco.

Manuelita

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¿Dejas vivir tus ideas?

manuelita otero

¿A veces te sientes agobiada porque te llegan demasiadas ideas al mismo tiempo? ¿Te gustaría poder hacer más cosas porque todo te parece interesante? Yo me siento así. A menudo llego emocionada a mi casa y durante la comida le digo a mis hijos: “Adivinen qué… tengo una gran idea”, y en sus caras veo una mezcla entre miedo y curiosidad. Ellos son usualmente mi primer filtro y, siendo honesta, no todas mis ideas son buenas, así que ellos nunca saben qué sigue después de mi anuncio.

Antes pensaba que tenía un problema de atención porque tener tantas ideas al mismo tiempo se supone que puede afectar tu concentración, pero esta creencia cambió hace poco durante una visita que hice a la biblioteca donde vi un libro llamado: Refuse to Choose (Rehúsate a escoger), y supe que ese libro era para mí. En su libro, Barbara Sher escribe sobre las personas que son curiosas acerca de muchas cosas que pueden estar poco relacionadas entre sí y quieren hacer de todo un poco, lo que hace que se les dificulte enfocarse y escoger qué hacer. Ella llama a este tipo de personas: “scanners”.

Durante años he estado recolectando recortes de revistas de todo lo que me parece interesante. Tengo varias carpetas de colores organizadas por temas. Ese fue mi primer Pinterest. No sé cuando comencé ni por qué, pero cuando veo una foto linda, un lugar que me parece increíble, una mezcla de colores interesante; quiero capturarla porque de alguna manera eso que vi me inspira. Nunca supe que mi colección de “lindos recortes” me ayudaría de tantas formas con proyectos aparentemente sin ninguna relación directa con mi archivo. Mi recopilación de recortes los he utilizado, por ejemplo, para una idea que tuve con mi familia sobre un Bed and Breakfast, para nuestra empresa de ropa para niños, para los photoshoots de la empresa de mi hija, My Closet etc, y para los artículos y productos de Happily Imperfect. Además de todo esto, me siento muy feliz mirando una y otra vez mis coloridos folders, es como alimento a mi creatividad y una compilación de posibilidades.

Me encantan las ideas. Me encanta cuando le damos libertad a nuestra mente y cuando toda idea recibe una oportunidad de vivir, al menos por un tiempo, y de ser contemplada sin ser “juzgada” en un principio por la lógica o la razón. Barbara Sher da varios tips a los “scanners” para que puedan organizar sus ideas y utilizarlas de forma productiva. A mí lo que me ha funcionado es definir una estrategia para organizar mis ideas y, luego, darles rienda suelta por medio de mis escritos. Si tengo una idea para un libro o un negocio, abro un folder y dejo ahí la idea hasta que llegue el momento de usarla o revisarla. Si tengo tiempo para investigar o leer sobre el tema en cuestión, sé donde archivar los resultados y así evito sentir presión para trabajar en algún proyecto inmediatamente. Hoy en día hay muchos apps que nos ayudan a organizar información, pero lo importante es que encuentres qué funciona para ti. También es una buena estrategia rodearte de gente positiva dispuesta a escuchar sin tanto juicio y a dar una opinión dentro de un ambiente respetuoso y creativo.

Si muchas cosas te interesan y quieres hacer varias cosas a la vez, ¡te felicito! No creas que tienes problemas de atención y no puedes enfocarte, mejor aprende a organizar tus ideas y pensamientos, y busca la forma para escoger en qué concentrarte. También define estrategias para terminar lo que empiezas.

Las ideas son valiosas y necesitan ser tratadas como posibilidades y oportunidades, si no sirven ahora, de pronto lo harán después.

Manuelita

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¿Qué es el éxito para ti?

manuelita otero

éxito*

s. m.

1.   Resultado, a menudo feliz o muy bueno, de algo.

2.   Aceptación que tiene una persona o cosa entre la gente.

Diferentes significados para una palabra común. El primero está más relacionado con lograr algo personal y, el segundo, parece tener más relación con lo que la sociedad ha definido como exitoso. ¿Alguna vez has pensado qué definición aplica para ti o te has preguntado qué es el éxito en tu vida? Por otro lado, seamos honestos, ¿alguna vez has juzgado a alguien por el trabajo que hace, el carro que tiene o la casa en la que vive?

En los últimos años he estado haciendo trabajos varios en áreas que poco conocía y te puedo asegurar que me siento exitosa y feliz. No me considero menos que alguien solo por un título profesional o por un cargo laboral porque sé lo que el éxito significa para mí, y eso es lo que realmente importa -como vivo mi propia vida- porque de eso es de lo que soy realmente responsable al final de este viaje.

Tengo mis grados, mi experiencia y suficientes cosas que podrían haberme llevado a un alto cargo con un muy buen salario, pero hace un buen tiempo decidí ser una mamá de tiempo completo y ha sido la mejor decisión de mi vida. Ver a mis hijos convertirse en jóvenes maduros y responsables… eso es éxito para mí y ahora -que ya están más grandes- tengo más tiempo libre para enfocarme seriamente en lo que me apasiona.

¿Qué meta quieres lograr? ¿Qué sueño has dejado de lado, escondido, por falta de tiempo, porque de pronto has estado demasiado ocupada buscando dinero y reconocimiento por parte de otras personas? Todas esas cosas son agradables, claro, pero si no tienes claridad con tu propósito y no trabajas para conseguirlo, todas esas cosas -tarde que temprano- se sentirán vacías porque de alguna manera sabes en tu corazón que hay algo más por hacer, por cumplir.

Definir claramente lo que el éxito significa para ti, te ayudará a definir tu rumbo. Cada día estará encaminado hacia algo más grande y lo mejor es que lo notarás, lo sabrás. En ese momento lo que otros piensen o digan deja de ser tan importante. No hay respuestas buenas ni malas para definir el éxito. Tu respuesta es seguramente la que tú necesitas.  

Manuelita

 

 

*Definición tomada de:  http://es.thefreedictionary.com

 

¡La semana es para disfrutarla completica!

manuelita otero

Hay muchas personas que preferirían hacer otras cosas en vez de trabajar. Y eso es independiente de si  les gusta o no su trabajo. A las que no les gusta son las personas que, por lo general, cuentan las horas para irse inmediatamente llegan a trabajar o se ponen de mal genio el domingo porque pronto será lunes. La verdad es que pasamos muchas horas en el trabajo como para no buscar algo que disfrutemos. Vivir solo pensando en el fin de semana no es la mejor forma de vivir, porque ¿dónde queda el resto de la semana?

La Real Academia Española define “perspectiva” como: “Punto de vista desde el cual se considera o se analiza un asunto.” De pronto necesitamos mirar nuestro trabajo con una nueva perspectiva. Por ejemplo, ¿qué tal si miramos como nuestro trabajo se relaciona con otras cosas o con otras personas? De pronto lo que estás haciendo es un componente clave en un proceso complejo o, de pronto, haces  algo que las personas no aprecian lo suficiente hasta que por alguna razón ya no lo tienen.

¿Tú puedes pensar en las cosas que realmente te gustan de tu trabajo? ¿Podrías hacer una lista? ¿Notas cómo afecta tu trabajo positivamente a las personas a tu alrededor? Tenemos oportunidades diarias para cambiar el día de alguien, una simple sonrisa o un saludo podrían ser el comienzo de una buena mañana para alguien. Un acto de amabilidad puede parecer muy pequeño, pero puede ser exactamente lo que alguien está necesitando.

Disfrutar nuestro trabajo comienza con nuestra actitud hacia él. Lo que alguien puede ver como muy difícil o aburrido, otra persona puede estar deseando tenerlo.  Todo depende de la perspectiva.  No hay trabajos perfectos, pero hay trabajos que se ajustan más que otros a nuestra vida, dependiendo de lo que nos apasione. Esa es nuestra tarea: encontrar esas cosas que nos gustan, que además son nuestras fortalezas y buscar así trabajos que tengan algún tipo de relación con todo eso.

Encontrar un trabajo que se ajuste a nuestras fortalezas puede tomar tiempo, por eso es mejor tomar la decisión de disfrutar lo que tenemos ahora enfocándonos en lo positivo. Piénsalo, podrías estar cambiando vidas en tu trabajo y de pronto ni te das cuenta. Mira a las personas con que interactúas diariamente, escucha a tus compañeros de trabajo, mira tus tareas con una perspectiva diferente y date cuenta que estás ahí no solo para hacer plata, también para cambiar vidas. ¿No haría eso de los lunes algo mucho mejor?     

Manuelita

 

Si tu pasión no te da dinero, ¿Cuál escoges?

manuelita otero

¿Alguna vez te has encontrado al frente de dos caminos tratando de decidir cuál tomar y deseando escoger el correcto? ¿Un camino se ve estable mientras el otro parece lleno de incertidumbre? La decisión suena fácil, ¿cierto? Pero qué tal si el camino lleno de incertidumbre es donde está tu pasión, las cosas que te inspiran y está todo aquello para lo que sientes que has sido creada.

Yo personalmente apoyo totalmente a quienes siguen sus sueños y hacen lo que les apasiona. Creo que parte de la felicidad que tanto anhelamos está en hacer lo que nos gusta, pero muchas veces nos distraemos buscando algo “estable” y terminamos haciendo lo que se espera de nosotros.

Yo estoy al frente de esos caminos en este momento, enfrentando la realidad de qué decisiones debo tomar para no perder la libertad de hacer lo que amo, pero a la vez siendo responsable con mis cuentas por pagar. Y mientras analizo esta situación me pregunto: “quién decidió acaso que sólo hay dos caminos posibles”, el de tener un trabajo estable o el de hacer lo que me gusta. A veces limitamos nuestras opciones por la forma en como pensamos. Pareciera que imaginamos pocas posibilidades y muchas veces olvidamos pensar un poco más allá de lo que tenemos al frente, pensar out of the box.

Me conozco y sé que si no hago lo que me apasiona no seré la misma, tal vez perdería un poco de mi esencia y, la verdad, ¡me gusta quien soy! Todos tenemos algo especial que dar al mundo, nuestros dones que muchas veces son nuestra pasión, y la belleza de esto es que todos somos diferentes.

Hay una forma de combinar ganarte la vida y seguir tu pasión. Claro, tomará dedicación, algunos sacrificios, tiempo y disciplina.  Estas ideas seguramente te pueden ayudar:

- Conócete: Toma tiempo para conocerte, para definir tus fortalezas, tus talentos y tus habilidades. Sé honesta contigo misma. Porque sueñes con hacer algo no quiere decir que seas buena para eso.

- Trabaja duro: Los sueños no simplemente ocurren y ya, requieren trabajo y dedicación. Muchas veces escuchamos historias de personas que alcanzaron sus objetivos, pero solo vemos el resultados final, no las decisiones diarias que tuvieron que tomar y los sacrificios durante el camino.

- Sé responsable: Si tu pasión no está pagando las cuentas, consigue un trabajo que lo haga; uno que te dé la posibilidad de cumplir con tus obligaciones, pero que también te permita dedicarle algo de tiempo a lo que te gusta.

- Ama lo que haces: Crea el hábito de disfrutar todo lo que hagas, así no sea el trabajo de tus sueños. Nunca sabes qué puertas se abrirán, a quién conocerás ni las cosas que aprenderás. Con la actitud correcta todo puede añadir valor a tu vida.

- Define deadlines: Es fácil soñar y planear, pero sin fechas límite esos planes pueden tomar años. Los deadlines te ayudan a organizarte y a hacer que las cosas algún día sucedan.  

- Comienza ahora: No permitas que el miedo y las dudas se atraviesen en el camino hacia tus sueños. Sal y hazlo.

Regresando al asunto inicial, ¿qué camino escoger entonces: pasión o dinero? Yo digo ¡los dos! Sigue tus sueños, trabaja fuertemente para alcanzarlos, pero también sé realista y responsable. Haz que cada situación sume, que tu vida tenga un propósito y disfruta el ahora.

Manuelita

¿Empezando algo nuevo?

manuelita otero

¿Recuerdas la última vez que hiciste algo por primera vez? De pronto fue un trabajo nuevo donde te sentías agobiada con tanta información o presionada con jefes y clientes impacientes o, de pronto, fue algo nuevo que querías intentar hacer.  ¿Recuerdas qué estabas pensando? ¿Sentiste que alguien te estaba juzgando o, tal vez, que algunas personas se estaban burlando de ti porque no sabías muy bien lo que estabas haciendo? ¿Te arrepentiste de tu decisión o estabas emocionada de aprender algo nuevo?

Comenzar algo nuevo no es fácil. De cierta forma es una amenaza para nuestra confianza porque de repente estamos en una situación donde todo es diferente a lo que conocemos y estamos acostumbradas. Al comienzo puede que nos sintamos un poco perdidas mientras todo el mundo a nuestro alrededor parece saberlo todo.

Aunque se siente bien tener el control y saber qué es lo que estamos haciendo, a veces nuestro miedo a “soltar” nos mantiene en el mismo lugar haciendo ciertas cosas más tiempo de lo necesario.  De pronto, subconscientemente, hemos dejado de lado un nuevo trabajo, un cambio importante en nuestra carrera, una clase de artes marciales o un viaje al extranjero solas.  Puede que nos sintamos cómodas en nuestra situación actual y con miedo a enfrentarnos a lo desconocido. Pero estar “cómoda” -teniendo una vida normal, una vida sin cambios- puede ser bien diferente a vivir emocionada, inspirada, satisfecha y a sentirte realizada. Y estar cómodo es algo bueno, pero sería mejor algo más que eso, algo maravilloso. ¿Qué tal que ese sentimiento de aparente seguridad se esté atravesando en lo que estás destinada a ser y hacer?

La próxima vez que vayas a hacer algo nuevo, ten presente esto:

  • Todos comenzamos en alguna parte.

  • Ser humilde es importante. Pide ayuda si la necesitas.

  • Aprende de otros.

  • Disfruta tanto el camino como el destino final.

  • Sonríe y ten una buena actitud.

  • Da tu “extra-milla”, seguramente no te arrepentirás.

  • No todo el mundo te va a querer y eso está bien.

La mayoría de nosotros comienza desde el principio. Quienes ahora son maravillosos en un deporte o brillan en un trabajo, en el pasado, en algún momento, no sabían nada y seguramente con tiempo, dedicación y trabajo están donde están ahora.  

No saberlo todo y cometer errores mientras ensayas cosas nuevas es natural. Además, lo más probable es que esta etapa nueva te enseñe más cosas de las que tú te imaginas. Te recordará que tu valor no depende de qué tan bien hagas las cosas o de tu posición laboral. Te enseñará la confianza que se gana poco a poco y también acerca de la importancia de aprender continuamente.

Si estás satisfecha con tu trabajo, súper, si no estás interesada en ensayar cosas nuevas, eso también está bien, pero si muy dentro tuyo sabes que hay algo que realmente quieres intentar por primera vez, ¿qué estás esperando? Comienza, da lo mejor de ti, disfrútalo y aprende de la experiencia. No tengas tanto miedo a fallar porque el hecho de que lo estés intentando quiere decir que ya ganaste una primera batalla.

Por Manuelita

¿Tu trabajo se siente como un campo de batalla?

manuelita otero

¿Alguna vez alguien en el trabajo te ha tratado injustamente? De pronto alguien se quedó con los  créditos de algo que tú hiciste o, de pronto, alguien no aceptó la responsabilidad por algún error que cometió y te tocó a ti de alguna manera responder. Es posible que tus compañeros de trabajo ni siquiera se den cuenta de lo que hacen y de cómo hacen sentir a los demás o, peor aún, hacen muchas cosas poco correctas a propósito buscando únicamente poder avanzar en sus carreras sin importar por encima de quien tengan que pasar.

El lugar de trabajo puede ser difícil y a veces se puede sentir como un campo de batalla porque pasamos mucho tiempo en nuestras “oficinas” con las mismas personas bajo situaciones estresantes, así que no debe sorprendernos que el perdón sea muy necesario en el trabajo.

El perdón bajo cualquier situación es difícil, pero es más complicado cuando no hay sentimientos de arrepentimiento o de culpa por parte de la persona que cometió el error. Para poder perdonar a quien nos hiere, es bueno recordar que perdonamos es por nosotros mismos pues aferrarnos a ofensas del pasado se nos convierte en una carga demasiada pesada. Perdonar a alguien que no parece merecerlo es algo que solo puede lograrse una vez decidimos que no necesitamos escuchar de esa persona un “lo siento”. Es normal querer que esa persona sienta mucho de nuestro dolor y de nuestra rabia porque queremos justicia, pero a veces eso no es posible y aún así debemos perdonar.

¿Qué puedes hacer cuando no encuentras esa “justicia” que imaginas, pero igual quieres perdonar por tu propio bien?

Escucha y habla: Si es posible, trata de encontrar una forma de aclarar la situación. Un ambiente positivo en el trabajo siempre es bueno.

Déjalo ir: A veces hay personas que ven solo lo que quieren ver y escuchan solo lo que quieren escuchar y así, una conversación no termina en nada útil. Cuando esto suceda reconócelo y simplemente déjalo ir.

Aprende de la situación: Una cosa es dejar ir una situación y otra es dejar que suceda otra vez.  Perdonar es dejar ir una ofensa, pero no es un tiquete gratis para que la gente se aproveche de ti. Puedes aprender de cada situación, de cómo evitarla y así, lo más probable, es que la próxima vez no suceda lo mismo.

Perdonar requiere valentía y auto control, eso te hace una persona más fuerte cada vez que  practicas el perdón. A veces hay situaciones que no tienen mayor sentido, pero la satisfacción de hacer lo correcto -porque te interesa cómo te afecta y no porque te importe mucho quién te esté mirando- no tiene precio.

Por Manuelita

¿Tú y tu equipo conocen sus talentos?

manuelita otero

Alguna vez, hace como 3 años,  alguien me preguntó cómo hacía para trabajar con mi novio -ahora esposo- y vernos tranquilos, contentos, y seguir juntos después de 10 años de andar en esas. No recuerdo muy bien qué respondí en esa oportunidad porque tengo muchísima tela para cortar sobre este particular asunto. Lo que sí recuerdo de ese momento,  es que tuve la certeza (y aún hoy la tengo) de que si me tomo el tiempo de responder, sin obviar ninguno de los detalles importantes, mi respuesta sería larga -en realidad, casi eterna- y estaría llena de temas, subtemas y más temas. Sería una respuesta susceptible de convertirse en libros y más libros.

En todo caso, no es que esto sea un asunto 100% dominado, pero sí sé que después de varias crisis, charlas, errores, promesas y acuerdos, puedo asegurar, sin dudarlo, que hoy en día Mario y yo tenemos una relación laboral que se fortalece cada vez más y que está creciendo, por fin, sobre bases sólidas y bonitas. Y cuando digo por fin, lo digo desde el fondo de mil alma porque, ¡claro!, quién no sueña con que trabajando con el amor de su vida todo sea color de rosa. Es decir, que todo sea más lindo, más tranquilo, más feliz y hasta más divertido que en una oficina o un trabajo “normal”. En mi caso, durante un largo tiempo, ese color rosa fue más bien como marrón tirando a negro.

Insisto: si me pongo a hablar del tema a profundidad, sencillamente nunca voy a terminar, por eso quiero en este pequeño espacio centrarme en algo que para mí -después de haber hecho cursos de emprendimiento, protocolo familiar, programación neurolingüística y comunicación asertiva, es algo que trae paz y armonía a las relaciones laborales: darle libertad a las FORTALEZAS. Más específicamente tener la capacidad de descubrir, respetar e impulsar las fortalezas de cada miembro de un equipo, incluido uno claro está, y sin que importe el tamaño del equipo. ¿Qué quiere decir esto?

1.       Que si conozco mis fortalezas y las de otros, me va a quedar muchísimo más fácil delegar funciones, y ejercer y aceptar la autoridad. Créanme, aceptar maduramente la autoridad de la pareja en el trabajo es un acto casi que titánico. Hay que aceptarlo, muchas mujeres somos  muy sensibles y podemos confundir fácilmente una instrucción o corrección de trabajo con una ofensa o un regaño personal, pero cuando tenemos presentes las fortalezas del otro, seguro que nos va a quedar más fácil asimilarlo de buena manera.

2.       Que cuando me enfoco en impulsar mis fortalezas y no en trabajar en mis debilidades, estas últimas se van desvaneciendo y en el foco de trabajo van quedan sólo fortalezas, lo que por obvias razones me conduce a admirarme más y si aplico la misma fórmula con otros a admirar más al que está trabajando a mi lado  (por ahí mucha gente dice que el amor nace en gran medida de la admiración, digo para tenerlo en cuenta). Es difícil que alguien no brille laboralmente cuando se dedica a cultivar sus talentos

3.       Que si respeto las fortalezas de quien trabaja conmigo, seguramente me va a quedar más fácil respetar a esa persona, y ¿qué relación sana no termina basándose en el respeto?

4.       Que cuando uno se dedica a otras cosas que no son sus talentos, el agotamiento llega porque llega. Si uno está agotado porque la vida se le va trabajando en sus debilidades puede caer en la trampa de creer que ese agotamiento personal es también agotamiento hacia a su equipo de trabajo… y una mente muy agotada no termina haciendo más que bobadas.

Si ya tienes una ocupación en la que puedes pulir tus talentos, buenísimo, pero si no es así, intenta tomar tu trabajo actual, sea el que sea, y moldéalo de acuerdo a tus fortalezas. Habrá más de un beneficiado, empezando por ti. Si además trabajas muy de cerca de la persona que amas, ya sabes que se puede dejar de lado el mito de que “el amor y el trabajo nunca se deben mezclar”, colocando en el corazón de tu proyecto las fortalezas de cada uno. Ya te imaginarás lo lejos que puede llegar un equipo que vive haciendo cada día mejor lo que ya sabe hacer bien. 

Por Ana

¿Qué hay detrás de un pero?

manuelita otero

Yo fui una fan enamorada y defensora del “pero”.  Antes,  sentía que usarlo me permitía ser “amable”, sin ser “boba”. Ser “humilde”, manteniendo mi orgullo. “Perdonar”, sin olvidar. ¿Por qué? Porque el “pero” es esa palabra que se vuelve la mejor aliada cuando queremos reclamar, exigir y elogiar, PERO con condiciones, a nuestra manera y usándolo, no como un camino a la aclaración, sino como un escudo a la vez protector y acusador. Por algo una de sus definiciones oficiales es la de “Defecto u objeción”.(1)

Es decir, el “pero” nos da el permiso de hacer un reclamo sin sonar tan cansonas (Estoy triste porque no me llamaste, PERO entiendo que estabas ocupado), hacer un acuerdo con condiciones (¡Listo! Vamos a comer comida vegetariana, PERO sólo si me compras un helado antes) y elogiar a alguien dejándole claro que en todo caso hay algo que no nos gusta (Eres inteligente, PERO tu genio no es el mejor).

Entonces, ¿cómo no haber sido fan de esa palabra corta, interesante y útil del español que por años me hizo sentir “cómoda” sin darme cuenta que el exceso de su uso también me estaba limitando y excusando cuando no era necesario?

Fui fan del “pero” hasta que por cosas de la vida terminé aprendiendo -en un gran diplomado sobre Programación Neuro Lingüística- que “hay que tener cuidado con el “pero” y usarlo bien porque cuando el cerebro escucha esa palabra olvida o ignora fácilmente lo que escuchó justo antes”.(2)

Puede que al principio suene enredada y hasta rara esta premisa de la PNL, sin embargo, con un par de ejemplos –más bien sencillos- las expertas del tema en su momento, demostraron a qué iban y así nos lo explicaron: “Si ustedes le dicen a alguien ‘te quiero, pero es que eres tan cansón’, esa persona seguro se va a acordar de lo cansón y no del amor que le tienen. Si ustedes le dicen a sus hijo ´lo hiciste bien, pero tu esfuerzo no fue suficiente´, su hijo se va a acordar de la acusación sobre lo que le faltó y no del reconocimiento”.

Claro, determinar qué tan cierto es eso de que el cerebro recuerde o haga énfasis sólo en lo que escuchó después de un “pero” puede ser una cuestión muy debatible. Sin embargo, la idea nos deja una reflexión interesante… revisar qué decimos antes y después de un “pero” y para qué lo usamos. Además, podemos analizar qué tan cansones nos podemos volver los seres humanos cuando de exigir perfección se trata a todas las personas que se cruzan en nuestro camino. ¿Cada cuánto les ponemos “peros” a las personas que más queremos?

Me explico: Cuando le ponemos “peros” a todo, perdemos la oportunidad de disfrutar al máximo las personas, las situaciones y nuestros logros, especialmente los pequeños, porque cuando damos un paso ya estamos pensando en todo lo que aún nos falta. Seguramente nos decimos “ok, ya empezamos este proyecto, pero aún falta mucho trabajo”. ¿Qué tan difícil es decir “ok, qué bien que ya empezamos”, celebrar ese inicio y dejar que el “pero” se vaya de paseo un rato?

Creo que darle un descanso al “pero” es una decisión que puede traernos muchas satisfacciones y celebraciones, especialmente en nuestra vida laboral. Si valoramos nuestros logros paso a paso sin obsesionarnos con lo que falta y sin enfatizar con un “pero” los diferentes errores que van y vienen, el recorrido hacia las metas grandes se vuelve más placentero, más tranquilo y hasta más feliz, especialmente en ese ambiente laboral que suele ser frío, duro y competido.

De hecho, este es un ambiente en el que sí que vale la pena darnos esos aplausos ganados y soñados sin que el “pero” sea el protagonista diario. Un día a día laboral en el que podemos trabajar sin decirnos a toda hora “PERO es que falta mucha tela por cortar en este proyecto; la idea es buenísima, PERO es que la presentación es fea; el equipo trabaja bien, PERO ojalá fuera más grande; ascendí, PERO me falta perfeccionar el inglés…” etc, etc, etc.

Con esto de ninguna forma quiero siquiera insinuar que nuestra vida laboral se convierta en un elogio a la mediocridad, no. Sólo quiero creer que es posible vivir y trabajar admirando y disfrutando los avances -nuestros y de los otros- con actitud, ganas y menos “peros”.

(1)  Real academia de la lengua española.

(2) Diplomado en PNL con consultoras certificadas. Empresa Selectos y Selecciones | Bogotá, Colombia | 2010.

Por Ana

¿Gana-gana en el trabajo?

manuelita otero

¿Alguna vez has estado manejando temprano en la mañana hacia tu trabajo, tratando de evitar el trancón matutino, y te dices: “Espero poder dar bastante hoy”? Puede que no pensemos mucho sobre dar a otras personas en el trabajo, pero si no lo hacemos, podríamos estar perdiendo una gran oportunidad. De pronto te preguntarás, ¿oportunidad?. Cada vez que damos buenas cosas, estas regresan. De una u otra forma, pero vuelven, y como pasamos tanto tiempo en el trabajo ¿por qué no dar allá también? -y no solo hablo de dar tu mejor esfuerzo laboral-.

Dar en el trabajo es una de esas cosas con las cuales somos bastante cuidadosos, tanto que llega el punto en el que preferimos dar lo mínimo o nada a otras personas. Si somos honestos, es difícil porque desafortunadamente no todo el mundo tiene las mismas intenciones. En el mundo laboral hay personas que pueden aprovecharse de  y utilizar la información que les demos en contra nuestra o para su propio beneficio o, en algunos casos, hasta para perjudicar algunas carreras profesionales. Hay personas que harían cualquier cosa por una posición más alta o por un mejor pago. Aun así las acciones de otras personas y su comportamiento no debería limitar el nuestro.

Debemos dar según lo que podemos y dar sin preocuparnos por el resto. Claro que habrá experiencias que nos enseñarán a ser cuidadosos con personas en las que no podemos confiar y a ser sabios para que otros no se aprovechen de nosotros, pero no podemos permitir que sean otros los que determinen nuestra calidad humana y nuestra capacidad de dar.

¿Alguna vez has pensado lo que podrías compartir en el trabajo? Qué tal…

- Respeto: En clases de actuación desde el principio enseñan que al asistir a una audición se debe tratar a todo el mundo de la misma manera. Muchas veces la persona que recibe a los actores puede ser el futuro director y seguramente se acordará de alguien que lo haya tratado mal. Parece que muchas personas durante las audiciones tratan muy bien a los directores o a otras personas en altos cargos, pero tratan mal a los demás. Creo que podríamos estar de acuerdo en que eso sucede en todos los campos.  A veces hay personas en la oficina que les muestran respeto a los jefes, pero no lo hacen con la secretaria o con la persona que hace el aseo. 

- Ánimo: Es difícil imaginar la diferencia que las palabras positivas pueden tener en la vida de alguien. No sabemos la situación por la cual un compañero nuestro pueda estar pasando, así que las palabras amables pueden ser una salvación. Las palabras tienen poder, usa las tuyas para bien en todas partes a donde vayas.

- Oportunidades: Si es posible, da a personas en tu trabajo la oportunidad de crecer, aprender y de mostrar sus habilidades. Si te ayudan con un proyecto déjales saber a los demás. Si hay un problema difícil que requiere solución, dales la oportunidad para que te ayuden con el reto. A medida que tomen estas oportunidades se acordarán agradecidos de ti y de lo que hiciste por ellos.

- Experiencias: la mayoría de las personas no les gusta que otros les digan qué hacer o cómo hacer las cosas, pero aprecian cuando compartimos experiencias. A la gente le gusta sentir que tiene la libertad de tomar sus propias decisiones y cuando compartimos nuestras experiencias, aprenden de nosotros, pero a su propio ritmo.

Dar es un gana-gana, aun en el trabajo: La gente habla y así es como una buena reputación se va creando. Con el paso del tiempo te conocerán como una persona llena de confianza que comparte conocimiento y experiencias y que agrega valor al lugar de trabajo y a todos a su alrededor. Piénsalo… ¿Puedes recordar a la persona que de pronto hace años te dio la oportunidad de trabajar en un proyecto que luego te abrió las puertas a más oportunidades? ¿Alguna vez ha habido alguien en tu trabajo se tomó el tiempo para conocerte, preguntarte sobre tus sueños y objetivos y, además, te dio buenos consejos? ¿Puedes recordar a aquellas personas de quienes aprendiste tanto? Se esa persona y da.

Por Manuelita

 

 

¡No más carga laboral!

manuelita otero

Aunque amo lo que hago aún no he podido encontrar la “fórmula perfecta” para disfrutar como quisiera y en un 100% mi trabajo. Es decir, tengo que aceptarlo: una cosa es amar algo (o a alguien) y otra bien diferente, disfrutarlo realmente. ¿Dónde está entonces esa “sutil” diferencia?

Cuando empecé a pensar en este tema, la verdad es que le di vueltas y vueltas y me costó bastante escoger el motivo, la razón principal por la que a muchas personas que conozco y a mí nos cuesta disfrutar de corazón, de día en día y sobretodo de momento en momento, el trabajo que hacemos.

Por un instante pensé que el quid del asunto estaba en no preocuparse tanto por el futuro y por todo lo que hay siempre por hacer. En otro momento pensé que era cuestión de encontrar el equipo y el lugar ideal para trabajar y ya. Y debo aceptarlo, por otro buen rato, sencillamente concluí que debía ser una cuestión de ganar bien, ganar muy buena plata y que así, seguramente, lo demás fluiría mucho mejor. Pero nuestra relación con el trabajo es como una relación sentimental: hay tantas cosas, motivaciones, sueños y emociones involucradas que no es fácil definir los elementos que componen esa dichosa “fórmula perfecta” que evita dolorosos rompimientos y despechos, y que nos permite gozar sin límites lo que hacemos.

Existen relaciones amorosas que a pesar de que tienen mucho amor son pesadas, complicadas y difíciles, y que a la final sólo logran que las personas “enamoradas” lleven consigo una carga pesada y agotadora que, a veces, es insoportable. Pues lo mismo puede pasar con el trabajo: mucho amor, pero demasiada carga.

Cuando se trata de estar más tranquilo y de sentirse más liviano -y no por eso menos enamorado del trabajo- cada quien se ve afectado y motivado por cosas diferentes.

Por ahora, quiero hablar solamente de 6 cosas que pueden detonar la carga laboral y que, por eso mismo, son también fuentes de inspiración para encontrar pistas en el camino de la reconciliación. Escogí algunas que yo he vivido en carne propia y que así como a mí me pesaron tanto como lo hicieron, a alguien más también le puedan pesar o, y por ello le sirvan para chequearlas y evitarlas:

- Miedo a delegar: Cuando uno está estrenando trabajo o está en un punto de la vida en el que quiere y cree que puede controlarlo todo, empieza a desconfiar de los talentos y capacidades de los demás. Alguna vez escuché a uno de estos exitosos empresarios de las revistas top de finanzas decir algo muy sabio: “Escoge siempre gente que haga las cosas mejor que tú”. Créanme, funciona muy bien.

- Búsqueda desesperada de la perfección: Es curioso que a veces nos exigimos tanto que ni cuenta nos damos. Se nos va la vida señalando y trabajando en nuestros errores y se nos olvida que nadie es perfecto y que lo que hay que fortalecer son justamente las fortalezas –valga la redundancia-.

 - Agenda llena, sin espacio para imprevistos: Si hay algo que tenga imprevistos en esta vida es el mundo laboral. Citas que salen de la nada, reuniones que se demoran el doble o hasta el triple del tiempo previsto, llamadas eternas, correos urgentes, favores y charlas inesperadas, etc, etc, etc. Así que liberando un par de minutos -ojalá horas- a la semana para darle vía libre a los imprevistos, la perspectiva cambia para bien.

 - No hacer “borrón y cuenta nueva”: Vuelvo al cuento del amor. Igual que con los novios, es muy difícil tener una vida laboral sana si uno no perdona de raíz y elimina cualquier pliego de quejas y reclamos “vencidos”. Ya sea un error propio o el de una persona que trabaja con o para nosotros, ¿a quién no le gustan las segundas oportunidades?

 - Indecisión: Como bien dice el dicho: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. El trabajo requiere que actuemos con cabeza fría y tranquilidad. Eso es cierto. Pero también lo es que lo hagamos con OPORTUNIDAD. Es decir, haciendo las cosas a tiempo y tomando decisiones cuando todavía sirven de algo.

- Envidia laboral: Si hay algo que nos puede quitar energía, tiempo y nos carcome el alma, es la envidia. Y en el trabajo sí que es fácil envidiar… puestos más altos y mejor pagos, looks más interesantes y atractivos, beneficios y bonos más llamativos, y hasta paseos más emocionantes. En fin, para donde miremos siempre habrá como compararnos. ¿Por qué no cambiar esa envida por inspiración?

 En tus manos está alivianar tu día a día para disfrutar de verdad hacer lo que haces.

 ¡No más carga laboral!

 Por Ana

 

 

 

 

La vida es muy corta para estar en un trabajo que no te gusta

manuelita otero

¿Te la pasas contando los días para que llegue el fin de semana o el domingo en la noche comienzas a angustiarte porque al otro día tienes que ir a trabajar? Cuando la respuesta es sí, estas son claras señales de que no estás disfrutando tu trabajo. Puede que esté diciendo lo obvio, pero a veces necesitamos un empujón para hacer algo sobre una situación a la que nos hemos acostumbrado.  La vida es muy corta para estar en un trabajo que no nos hace felices. ¡Piénsalo!... Pasamos gran parte de nuestro tiempo en el trabajo, entonces ¿no deberíamos invertir bien ese tiempo?. Si no te gusta el trabajo que tienes, trata de buscar otro. Y si no puedes buscarlo o encontrarlo, entonces, trata de buscar alguna forma para que puedas disfrutar el trabajo que haces. Sé que no es tan simple, pero así son las cosas: o disfrutas el tiempo que pasas en el trabajo o te vas a sentir muy infeliz. Depende de ti.  En el reconocido libro Fish, que trata la actitud en el trabajo, sus escritores afirman que “siempre tenemos una elección sobre la forma como hacemos nuestro trabajo, aun cuando no tenemos una elección sobre el trabajo que hacemos.”

Deseando todos los días que las horas se pasen más rápido para poder regresar a casa no es una buena forma de pasar nuestros días. En realidad es malgastar nuestros talentos, habilidades y conocimiento. Todos tenemos algo para dar, incluso en un trabajo que no nos gusta o donde no somos apreciados. Si estamos ahí, deberíamos aprovechar ese momento. Si vamos a trabajar con una nueva y buena actitud, no quiere decir que nuestro jefe inmediatamente nos vaya a dar un aumento o vaya a ser más amable, pero por lo menos nosotros estamos tomando la decisión de tener un buen día, y te sorprenderías del  efecto positivo que esto tiene en tus compañeros de trabajo, en tus clientes y en tí misma.

Aquí hay solo algunas ideas de cómo puedes  vivir más el momento en tu trabajo:

Enfócate en lo positivo: A veces nos enfocamos tanto en lo negativo que ni siquiera podemos notar lo demás. Una vez decidimos -porque es una decisión- enfocarnos en lo bueno, comenzamos  a ver todo con una nueva perspectiva.

Una hora a la vez: Necesitamos concentrarnos en lo que estamos haciendo, disfrutar el reto del momento y olvidarnos del resto. A veces estamos haciendo algo importante mientras pensamos en las muchas cosas que no nos gustan del trabajo donde estamos, pero en realidad todas esas que nos disgustan no tienen  nada que ver con lo que estamos haciendo justo en ese momento. Así que trata de alejar de ti pensamientos que te distraigan y perjudiquen tu actitud.

Tienes una misión: De pronto las personas a tu alrededor no aprecian tu trabajo, pero depende de ti valorar tu propio trabajo. No estoy diciendo que esté bien ni que deberíamos aceptar acoso laboral, ¡No!, Pero si decides quedarte en un trabajo que no te gusta, entonces necesitas hacer el ambiente lo más positivo que puedas, por lo menos en la parte que puedes controlar. Estás ahí por una razón. Tu trabajo importa, así que cada hora que pasas ahí es valioso. Haz que cuente.

En el momento, en el trabajo: Si estás trabajando, entonces trabaja. No te distraigas con otras cosas. Muchas veces no disfrutamos el momento en el trabajo porque estamos continuamente interrumpiendo el fluir de las cosas chequeando nuestro teléfono innecesariamente. No solo estamos robando a nuestro trabajo, sino que también lo estamos haciendo a nosotras mismas porque no estamos permitiéndonos alcanzar todo nuestro potencial.

Según Mihaly Csikszentmihalyi, uno de los teóricos más importantes en creatividad,  “La fluidez ocurre cuando las habilidades de una persona están totalmente involucradas en superar un reto que es manejable.” Si el reto es muy simple nos aburrimos y si es muy difícil nos frustramos y nos podemos dar por vencidos. Nuestro objetivo debería ser encontrar el reto ideal en el trabajo y estar tan enfocados en lo que estamos haciendo que las distracciones alrededor no nos pueden robar el ahora. En ese momento, seguramente no vamos a estar pensando en las horas, el jefe o el sueldo, sino en la satisfacción de hacer un buen trabajo.

Tenemos la oportunidad de decidir si el tiempo que pasamos en el trabajo es gratificante o deprimente, escojamos sabiamente.

Por Manuelita

 

 

El Jefe Soñado

manuelita otero

Antes solía criticar muchísimo a las personas que eran muy frías y serias en el mundo laboral. No entendía muy bien por qué a tanta gente le costaba sonreír, ser abierta y muy amable, independientemente de que me conocieran o no. Incluso, cuando eso me pasaba, yo terminaba pensando: “¡Qué persona tan amargada!” y me iba hasta de mal genio cuando la reunión terminaba, especialmente si era alguien con un puesto de alto rango.

Lo curioso es que ahora, después de varios años como profesional, no sólo no critico a este tipo de personas, que parecen muy distantes, sino que, en gran parte, LAS ADMIRO.

Desde que empecé a trabajar, que fue antes de los 20 años, siempre imaginaba que cuando yo tuviera la oportunidad de ser jefe –si era que eso pasaba “algún día”, que yo veía realmente lejano- iba a tratar de ser muy amable, muy tranquila y de sonreír la mayor cantidad de veces posible. Iba a consentir a mis empleados, a hablar mucho con ellos, a reírme con ellos y a hacer prácticamente todo lo que estuviera en mis manos con tal de que estuvieran tranquilos, bien y felices. En fin, soñaba con construir un ambiente de trabajo relajado, feliz y hasta “recochero”. Y, claro, esto de ninguna manera me parecía que fuera un propósito despreciable en mi vida. Por el contrario, hasta me sentía un poco “heroína” pensando que yo sí podría lograr lo que tantas personas supuestamente no habían logrado: “Ser el jefe chévere, el jefe perfecto, el jefe soñado”.

Pero, lo que de verdad nunca me imaginé en este “mundo ideal” que yo planeaba, es que cuando esa etapa llegara iba a olvidarme un poco de quién era yo realmente y cómo era mi estilo personal y único para hacer las cosas, por tener concentrada casi toda mi energía en complacer y agradar a mis empleados.

No quiero insinuar de manera alguna que sea malo tratar de ser un muy buen jefe o que lo que me pasó haya sido culpa de alguien más. Lo que quiero decir, cuantas veces sea necesario, es que cuando uno se obsesiona mucho con cualquier tema laboral puede perder la perspectiva personal, al punto de perder también el equilibrio entre lo que uno es y lo que uno quiere, y terminar de esta forma convirtiendo un objetivo interesante y hasta loable, en un desastre empresarial y personal... que creo es un poco lo que me pasó a mí.

Aún hoy en día, después de analizar y revisar esta situación con calma y desde diferentes ángulos, es un tema que aún me quita un poco el sueño. ¿Dónde estuvo el punto de quiebre? ¿En qué momento cedí mis principios y mi estilo, todo por ser la jefe ideal? ¿Qué fue lo que realmente estuvo mal si yo lo único que quería era que mis empleados estuvieran bien? Sinceramente, creo que ese punto de quiebre estuvo en el momento en que cedí la primera vez que no debí hacerlo, algo  que, seguramente, hice por miedo a perder mi imagen de jefe moderna, compresiva y chévere.

Claro, es que, ¿cómo la jefe querida iba a regañar o a llamarle la atención de manera contundente a alguien por llegar tarde, si es que cada quien tiene libertad de “manejar su tiempo” desde que responda bien en su trabajo? (Luego de aguantar muchos, muchísimos retrasos, comprendí que a veces ese también era MI tiempo. Especialmente, cuando de reuniones se trataba, y que con tanto incumplmiento se vuelve un poco difícil responder realmente bien en el trabajo).

Claro, ¿cómo la jefe comprensiva iba a implementar una fuerte campaña contra la mediocridad reiterada, si es que se supone que cada quien tiene derecho a equivocarse, mejorar y no hay que ser tan duro…? (Luego de meses enteros entendí que esa mediocridad se reflejaba directamente y sin ningún tipo de anestesia en las finanzas de mi empresa. O sea, en mis finanzas). 

Claro, ¿cómo la jefe generosa iba a quedarse sin darle unos muy buenos regalos a sus colaboradores que tanto “se lo merecían”, si es que hay que tener al equipo motivado? (Luego de varios fracasos, comprendí que los buenos, muy buenos regalos hay que ganárselos con resultados).

Y lo curioso de todo esto es que esas cosas yo ya las sabía. Yo ya sabía que todo tiene un límite para el incumplimiento. Yo ya sabía que la mediocridad perjudica cualquier logro empresarial. Yo ya sabía que muchas cosas en la vida laboral se ganan por mérito. Y además de saber todas estas cosas, ¡también las creía!

Entonces, si lo sabía y lo creía, ¿qué pasó? Pues que me equivoqué. Pero no por ignorancia, no por no creer en nada. Pequé por traicionarme a mí misma y no darme mi lugar. Pequé por no actuar con la libertad y responsabilidad con la que un buen jefe debe actuar. Y cuando hablo de libertad no me refiero a hacer lo que a uno se le dé la gana, no. Me refiero a respetar a los demás, pero respetándose en el trabajo primero a uno mismo. Pero, ¿cómo?

  • Antes que nada, saca tiempo –todo el que puedas-  para saber qué te gusta y qué te disgusta en tu forma de trabajar, para ir conociendo mejor tu estilo laboral. Y si tu estilo es, por ejemplo, ser seria y distante, respeta esa parte de tu personalidad. No por eso vas a dejar de hacer bien las cosas.
  • Antes de empezar un nuevo trabajo o una reunión decisiva recuerda quién eres, qué es lo que de verdad quieres, cuál puede ser tu sello y en qué crees. Si es necesario y si te sirve, ¡escríbelo!
  • Tan pronto sientas que algo no está bien, trata de encontrar los motivos y, por supuesto, las soluciones. Hazlo con ayuda, si quieres, pero siempre en compañía de tu experiencia, de tu conocimiento y de tus propios ojos.
  • Recuerda que por algo existen el día y la noche. No siempre todo puede ser color de rosa. Ni siempre se puede agradar a todos. Cuando a las personas hay que decirles la verdad, hay que decirles la verdad. Y ojalá a tiempo. Más aún si son tus empleados.
  • Date el derecho y la libertad de ser tú misma en cualquier trabajo. Así como no existe el trabajo perfecto, tampoco existen ni el trabajador, ni el jefe perfectos. Cada quien debería aceptarse con sus cosas buenas y no tan buenas, sin tantas apariencias y pretensiones.
  • Sé amable y colaboradora con los demás, pero busca ese punto de equilibrio en el que no tengas que pasar por encima de ti misma.
  • Si eres empresaria o algún día quieres serlo, recuerda que tienes TODO el derecho de impregnarle a tu empresa tu forma de hacer y manejar las cosas, lo mismo que tu estilo de gerencia, pero que lo importante es que tus empleados y tú puedan tener permanentemente una relación gana-gana.

Hoy, la verdad es que agradezco que hayan sido pocas personas las que tuvieron que estar bajo mi cargo antes de que yo reflexionara sobre todo esto, porque como era de esperarse, esa nube en la que estábamos montados, mis empleados y yo, tenía que caerse. Seguro que si ahora tengo una segunda oportunidad de ser jefe, las cosas sencillamente serán mejores y diferentes.

“Ya no soy esclavo de lo que piensa la gente. Me he liberado de la obsesión por gustar a los demás, de la necesidad de darles motivos para que me aplaudan. Ahora tan solo rindo cuentas a mi conciencia”.  Libro: Borja Vilaseca - El principito se pone la corbata. (Prólogo)

Por: Anónimo

¿Tienes trabajo? ¿Lo estás disfrutando?

manuelita otero

Es casi que indiscutible que hoy en día las mujeres de muchísimas partes del mundo estamos atravesando por una época histórica en la que “doblamos”, por no decir “triplicamos”, nuestras funciones, tareas, responsabilidades y/o labores -llamémosles como queramos-.

Ahora, aparte de ser mamás o amas de casa – que es el papel tradicional que hemos tenido en muchas culturas por cientos y cientos de años-, también somos empresarias, activistas de organizaciones, trabajadoras full time o part time, líderes y gestoras de diferentes proyectos, escritoras, deportistas, voluntarias de enemil causas y, además, muchas queremos hacer más y más cosas con y por nuestros hijos, esposos, amigos, familias y/o parejas. 

Independientemente de entrar a juzgar si ese cambio histórico es bueno o malo – que no es de ninguna manera el fin de este artículo-, sí es más que cierto que el trabajo se ha ido convirtiendo en una prioridad para millones de mujeres en el mundo. Varias de ellas lo afirman y reconocen sin misterios, sin miedo, sin pena, sin prevenciones. Entonces, ¿por qué no hacer de esa “nueva” prioridad una experiencia más interesante y agradable en nuestro día a día? ¿Por qué no hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que trabajar sea de verdad una experiencia diaria interesante, enriquecedora, apasionante, pero sobre todo muy muy agradable?

Sé que muchas mujeres al leer esta “pregunta-invitación” pueden estar pensando que ya lo hacen, pero también sé que hay muchas otras que se pueden estar diciendo frases como “Ah sí como si fuera tan fácil”; “Sí claro, como no, con ese jefe tan tal por cual que tengo”; “Ajá… sí, claro, voy a ser muy feliz con ese sueldo tan malo”; “Con todo ese trabajo, ¿quién va a estar tranquila?” y uno que otro pensamiento de este estilo. 

Y aún, con todos estos peros en mente, una parte de la invitación para que disfrutes tu trabajo es invitarte a que mejores tu actitud frente a varios, por no decir todos, de los aspectos externos que tanto te molestan o fastidian y que, finalmente, su control total no depende de ti misma. Seguro que en tu trabajo en más de una ocasión has querido cambiar -casi que por arte de magia- tu sueldo, tu jefe, tu socio o socios -si los tienes-, la fachada de la empresa, los clientes, los precios, el baño de mujeres, el computador, el portafolio de productos, los horarios, la cafetería, la rutina, entre otros cuantos “detalles”. 

Si tu actitud mejora frente a todos esas “pequeñas” cosas que se salen de tu alcance, buenísimo. Si no, la buena noticia es que en esta oportunidad la invitación grande es para que disfrutes más de tu trabajo teniendo en cuenta todas esas cosas que sí dependen de tí misma como  es el valor y el respeto que  TÚ te estés dando en esa locura, buena o mala, de trabajo que puedas tener en este momento de la vida. ¿Qué tanto estás haciendo o dejando de hacer para sentirte cómoda en tu trabajo a pesar de las cosas no tan cheveres que pueda tener o, de lo difícil que pueda ser? Y cuando hablo de respeto y de valor, hablo de que no te juzgues tan duro por no tener todas las habilidades que se te exigen, hablo de que respetes tus esfuerzos y los mejores sin estresarte al punto de enfermarte a causa de un trabajo que finalmente no deja de ser eso… un trabajo. 

La verdad es que no creo ni en los trabajos casi perfectos ni en los estándares mundiales que le dicen a las personas de manera tajante que para ser buenas trabajadoras tienen que ser: ordenadas, disciplinadas, responsables, cumplidas, creativas, organizadas, proactivas, juiciosas, puntuales, colaboradoras, positivas, entusiastas, visionarias, etc, etc, etc.Por el contrario, cada día me encuentro con más y más personas que desvirtúan esos paradigmas engañosos y que tal vez tienen lo uno, pero no necesariamente lo otro y no por eso son incompetentes o poco productivas. 

Al respecto, te quiero recomendar el libro: “Ahora descubra sus fortalezas” del cual es coautor un muy reconocido  especialista mundial en gestión y estrategia, Marcus Buckingham, quien invita a las personas de diferentes mercados, profesiones y ocupaciones a identificar en qué son realmente buenas en sus trabajos para enfocarse y fortalecer aún más esas fortalezas -valga la redundancia- y, así, poder usar esos talentos naturales para brillar y destacarse en vez de pasarse la vida entera tratando de mejorar sus debilidades, lo que en muchos casos termina siendo una pérdida de tiempo. Como bien lo sugiere el libro, en este segundo camino en el que el foco son las debilidades hay un riesgo grave de descuidar las fortalezas que son las que finalmente nos dan muchísimo valor en el trabajo y, la verdad, creo que en cualquier otra área de la vida también.

No se trata entonces de ignorar las debilidades, se trata de priorizar: ¿De qué nos ocupamos primero? ¿De lo fuerte o de lo débil? Tradicionalmente, muchas y muchos estamos acostumbradas y acostumbrados a enfocarnos  en lo débil, en los errores, en las imperfecciones porque supuestamente es lo que hay que mejorar. La teoría de este libro sobre “la revolución de las fortalezas” nos invita a lo contrario. Nos invita a responder primero ¿Cuáles son nuestras fortalezas? ¿Cómo podríamos aprovecharlas? ¿Cuáles son la una, dos o tres cosas que sabe hacer mejor que otras diez mil personas? 

Teniendo esto en mente, yo no soy entonces quién para decirte que “Vales muchísimo en tu trabajo” porque sí y sin si quiera conocerte o que “tu trabajo es un tesoro y que debes cuidarlo”, pero creo que tú SÍ eres quién para descubrir cuánto vales o puedes llegar a valer como persona y como trabajadora respetando tus talentos; SÍ eres quien para definir si quieres valer más o menos de acuerdo a tus fortalezas; SÍ eres quien para decidir si quieres hacer algo -chiquito o grande- para sentirte mejor en ese trabajo que, de una u otra forma, se pudo haber convertido en una de tus grandes prioridades en la vida y en el que seguramente estás invirtiendo una cantidad MUY SIGNIFICATIVA de tiempo.

Muchas veces uno escucha que la mamá, el novio, la abuelita u otra persona que se preocupa por uno le dice todo el tiempo “No trabaje tanto que se va a acabar”… Me pregunto si trabajar tanto es lo que realmente lo acaba a uno, o es la calidad de condiciones -sobre todo emocionales- en las que uno se permite trabajar las que pueden llegar a afectarnos tanto. Finalmente puede que estemos en una época de la vida en la que tenemos el tiempo, la disposición, la energía y las ganas de trabajar mucho. Y eso necesariamente no tiene porqué ser malo y menos si la historia, de alguna manera, nos está invitando a hacerlo. El punto en realidad es ¿en qué condiciones lo estamos haciendo y qué tanto lo estamos disfrutando?

Por Manuelita