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Mi tiempo

¿Por qué no te das el permiso?

manuelita otero

¿Te acuerdas de esa alegría tan grande que sentías cuando de pequeña o adolescente te daban el “permiso de tu vida”, cuando te dejaban ir a ese paseo soñado con tus primos o amigos, o cuando podías ir a una fiesta que querías?

Muchas veces nos acercábamos a nuestros papás, o a quien nos estuviera cuidando, con  inseguridad y miedo a la hora de pedir un permiso -que tal vez nosotros creíamos difícil de obtener-, pero seguramente en la mayoría de los casos, si los papás veían que no íbamos a correr riesgos ni existían motivos contundentes para no dejarnos ir, nos daban el permiso.

Por muchas cosas que veo y percibo hoy en día, creo que algunas mujeres olvidamos darnos esos permisos que tanto anhelábamos cuando chiquitas. Lo curioso es que ahora no nos los negamos para cosas como fiestas y paseos sino que, tristemente, nos los negamos para cosas más pequeñas como regalarnos un día libre de vez en cuando, una tarde de spa o de peluquería, televisión o compras sin afanes, o para darnos más detalles que nos hagan sentir bien sin necesidad de ser costosas.

No sé si en este panorama en el que siento que cada vez somos menos detallistas con nosotras mismas tenga algo que ver el hecho de que con los años, uno va dejando crecer un montón de culpas que de manera consciente o inconsciente nos van robando la capacidad de consentirnos, cuidarnos y regalarnos un montón de cosas que nos gustan y disfrutamos.

Lo digo porque lo he visto en mí y en muchas mujeres que quiero y que me rodean. Casi siempre que nos regalamos algo lindo, algo grande, tenemos que justificar ante nosotras mismas y ante los demás que sí no lo merecíamos porque “es que hace rato que no íbamos de compras”; que sí valía la pena ir “porque es que había una promoción buenísima en el spa” y la verdad es que la lista de explicaciones y razones puede ser infinita cuando se trata de justificar los regalos que nos damos. Como si no fuera suficiente que nos regalemos algo por el sencillo hecho de que lo queremos y nos queremos.   

Sé que el manejo de la culpa es un tema complejo que merece ser tratado de manera profunda y aunque, por ahora, este no es el asunto del que quiero seguir hablando extensamente, sé que ahí tengo una pista interesante de lo que puede estar pasando en mi caso, de lo que puede estar impidiendo que me trate todo el tiempo como la mujer preciosa y valiosa que soy, que me trate como muchas veces trato a mis mejores amigas. No tengo que sentirme mal porque me estoy dando un poco más de lo que normalmente la gente se da a sí misma, no  tengo que sentirme culpable porque justo el día en que cometí ciertos errores me compro un helado especial o algo lindo que ví. No tengo que pensar que soy mala mamá o mala hija porque un día me puse en primer lugar a la hora de comprar algo o escoger un plan.

Muchas veces por “respeto” a los demás dejamos de darnos cosas tranquila y alegremente y lo hacemos por sentimientos de culpa que a la larga sólo son producto de nuestra imaginación.  

Regalarnos tiempo, tranquilidad, libertad, viajes, ropa, masajes, cursos, experiencias y otra cantidad de cosas con las que cada quien podría ser más feliz, debería volverse pan de cada día sin tener que esperar el cumpleaños, el día de la madre, navidad o el día de la mujer. No es que sea malo que en esas fechas nos demos más cosas o seamos más especiales, claro que no. Lo que no está bien es que olvidemos darnos todo lo que podamos cada día de nuestras vidas.  

Por Ana