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Que buen silencio

Si Dios es bueno, ¿por qué permite cosas malas?

manuelita otero

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Alguna vez te has preguntado, “si Dios es bueno, por qué permite cosas malas, injustas, dolorosas, difíciles y trágicas”. A veces las cosas que están sucediendo alrededor del mundo, en nuestra vida, en la vida de algunos amigos y familiares son demasiado duras, tanto que ni siquiera las podemos comprender. Entonces muchos acudimos inmediatamente a Dios y le rogamos que arregle todo y que se lleve el dolor que sentimos.   

A menudo tratamos de explicar algunas cosas basándonos en nuestro entendimiento y perspectiva, pero también algunos olvidamos que Dios ve mucho más de lo que vemos nosotros, Él lo ve todo y sabe el plan completo mientras nosotros -a duras penas- vemos un pequeño pedazo del plan. Su perspectiva es perfecta y completa. “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.” (Proverbios 3:5)  

Para tratar de entender por qué las cosas malas suceden tenemos que regresarnos al tiempo en el que Adán y Eva vivieron en el Jardín del Edén. Ellos tenían todo lo que necesitaban para ser felices en un lugar perfecto en el que disfrutaban de la compañía de Dios, pero escogieron desobedecer a Dios y el mal llegó al mundo. Es muy difícil entender por qué lo que un hombre hizo hace tanto tiempo está afectándonos aún hoy. Se siente injusto. “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron.” (Romanos 5:12) Pero Dios es bueno y Él sabía lo que iba a suceder y creó una forma para que incluso después de esto pudiéramos estar a su lado. Él envió a Su hijo Jesús para que cargara con nuestros pecados. Jesús fue crucificado y en la cruz cargó todos nuestros pecados y pagó por ellos. Sí, por los tuyos, por los míos y por los de los demás. El pagó el precio por el pecado de la humanidad y cuando aceptamos el sacrificio que Jesús hizo por nosotros, somos libres y recibimos vida eterna.

¿Esto significa que no le pasan cosas malas a las personas que aceptan a Jesús? No, aún vivimos en este mundo y cosas malas pasan a diario, pero la diferencia es que sabemos que este no es el destino final, estamos pasando un tiempo antes de llegar al cielo. Es parte del camino. Jesús fue muy honesto sobre el dolor que íbamos a vivir en este mundo “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Pero entonces si la muerte y la maldad han sido derrotadas, ¿por qué Dios no arregla el desorden en el que estamos viviendo? Él lo hará. En Apocalipsis 21:4 leemos “Él les enjuagará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor porque las primeras cosas han dejado de existir.” Jesús va a regresar y cuando lo haga todo el mundo va a estar frente a Él y tendrá que rendir cuentas de su vida. Dios no se está demorando en regresar... “El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9). Él nos está dando tiempo para que volvamos nuestros ojos a Él.

Si estás pasando por dificultades, no hay mucho que yo pueda decirte para hacerte sentir mejor, pero sé que Dios sí puede. Aférrate a Él y llénate de su paz. Él te entiende, a Él le importas y Él puede tomar cualquier situación por la que estés pasando y convertirla en algo bueno aunque no parezca. Aférrate a su promesa: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” (Romanos 8:28)

No podemos hacer que el pecado de este mundo sea más grande que Dios. Necesitamos aferrarnos a Él y enfocarnos en Él mientras llevamos su luz de esperanza a todas partes a donde vamos. Este es el momento.   

Manuelita    

Tu pasado sucedió hace un minuto

manuelita otero

Hace pocos meses conocí a una mujer que me impactó mucho por su energía, su alegría y especialmente por la seguridad que transmite. En una charla a la que fui, ella contó su historia personal haciendo énfasis en su pasado lleno de problemas; entre ellos: líos con drogas, alcoholismo, relaciones muy dañinas e irresponsables y rechazo en su familia. Como otras historias que conozco, afortunadamente esta también está teniendo un desenlace feliz. Sin embargo, no fue su historia en sí lo que me quedó resonando por días... fue algo que dijo: “cuando hablamos de pasado, hablamos del minuto justamente anterior al que estamos viviendo”. ¡Wow! Eso es totalmente cierto, fue lo que pensé. Jamás en mi vida yo había visto el pasado con esa inmediatez. Para mí el pasado era siempre algo lejano, incluso algo que trataba de años atrás.

Con esta nueva perspectiva de pasado entendí mejor de qué se trata eso de sentirse libre de culpas y de remordimientos día a día. Entendí que no es necesario dejar dormir una herida por años para después hacer un proceso de perdón de “mi pasado”. Sin dudarlo, sentí que Dios me había puesto esta charla en el camino para enseñarme a disfrutar mi vida sin necesidad de acumular por días y meses algo que me molesta -tanto mío, como de otros- evitando así que sentimientos y pensamientos negativos echen raíces sin necesidad. En otras palabras, creo que Dios me está invitando a aprender a “desintoxicarme” poco a poco mientras voy disfrutado de la vida. Ya no se trata de esperar a que llegue el fin de semana, ni el del mes, ni mi cumpleaños, ni la despedida del año viejo -con quemada de listas de cosas malas incluida- para hacer borrón y cuenta nueva. No. Ahora, por el contrario, me doy el permiso y me regalo el tiempo diario de acercarme a Dios con total confianza para hablar de las cosas que van pasando, por las que me siento culpable, así algunas me parezcan pequeñas o bobas.

Vivir sin culpa no es fácil. En un mundo tan acelerado en el que se nos exige y nos exigimos más de la cuenta, hay días en que mi cabeza me bombardea por horas con reclamos y más reclamos: que por qué hice o dejé de hacer algo; que por qué dije esto o aquello; que por qué pensé una cosa y no la otra o, peor aún, que por qué publiqué lo que publiqué en redes (como si no fuera suficiente con los auto-reclamos de la vida no virtual). Claro, es importante que revisemos cómo vamos y qué hicimos minutos antes, pero eso no quiere decir que nos tengamos que obsesionar con nuestros errores y que nos demos lora y cantaleta todo el tiempo; eso no se vale, qué pereza y, además, qué daño nos hacemos. Lo que ya pasó, ya pasó. La verdad, yo me cansé de vivir siendo por años “lamento eterno”. Y con esto no quiero decir que no tenga que aprender de mis errores o ir más allá y restaurar el daño que a veces hago. Lo que pasa es que ahora creo que cuando hay arrepentimiento sincero, Fe y al menos algo de aprendizaje, Dios me regala el derecho de verme renovada inmediatamente, sin tener que esperar ni acumular culpas. Finalmente, tal como Él lo promete, su misericordia se renueva todos los días y es esa promesa la que yo uso cada mañana para saber que puedo vivir sin darme cantaleta ni sentirme culpable.. «Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.» -  Hebreos 4:16

El año pasado tomé una muy mala decisión financiera y, sinceramente, me costó meses superar lo boba que me sentí. Hoy, habiendo escuchado la charla de aquella mujer inspiradora de la que hablé al principio y viendo a Dios de una manera más cercana y menos prevenida -como a un papá amoroso y no como a un papá histérico y lejano-, puedo decir con certeza que me merezco cosas realmente grandes. Incluso bendiciones enormes relacionadas con esa pésima decisión que tomé. ¿Por qué? Porque ya me perdoné, ya aprendí y porque ahora me veo como me gusta creer que Dios me ve: linda, capaz, valiente, inteligente y libre de culpas. «Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza.» -  Jeremías 29:11

Ana

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Solo pídele

manuelita otero

El otro día estaba hablando con la mamá de uno de los amigos de mi hijo y le dije lo linda que me parecía la bolsa en donde estaba llevando sus libros. Una semana después me regaló una igual. No ofrezco cumplidos esperando a que me den cosas, pero creo que muchos sí halagamos lo que nos agrada y  valoramos.

 ¿Qué tal si le diéramos más cumplidos a Dios por su creación? ¿Qué tal si le dijéramos lo precioso que se ve el cielo temprano en la mañana o la alegría que nos da ver la luna brillar en la noche? ¿Qué tal si al leer su Palabra le dijéramos lo mucho que apreciamos las cualidades de las personas mencionadas allí? De pronto Dios nos daría aún más oportunidades para fortalecer o alcanzar esos rasgos. Él es el Dios del “más que suficiente”, el Dios de la abundancia, de pronto Él sólo quiere que le pidamos.

En la parábola del hijo pródigo un hombre tenía dos hijos, el menor le pidió su parte de la herencia, se fue de la casa y gastó todo el dinero que había recibido. Cuando se le acabó y comenzó a pasar hambre, decidió regresar a su padre para pedir perdón y rogarle que lo dejara trabajar como jornalero. Cuando el padre lo vio venir a lo lejos se llenó de alegría y mandó a preparar una fiesta de bienvenida. Todo el mundo estaba muy feliz, menos el hermano mayor que le dijo a su padre: “…¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos!... Hijo mío – le dijo su padre -, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo.” (Lucas 15:29; 31) Me pregunto si a veces actuamos como el hermano mayor.  Dios ya nos ha ofrecido todo, pero estamos tan enfocados en hacer cosas para tratar de “ganar” su amor que no nos damos cuenta de la bendición que ya tenemos o de pronto solo estamos notando lo que nos falta. ¿Qué tal si no estamos recibiendo todo lo que Dios ha preparado para nosotros porque somos tercos, impacientes o demasiado orgullosos para pedírselo?

Me pregunto por qué no le pedimos a Dios cosas grandes, no solo cosas materiales, también bendiciones, milagros, revelación, en fin... su favor y su gracia constante para que nuestra vida lo honre. ¿Si creemos que Dios es grande, por qué a veces nuestras oraciones son tan pequeñas? Me imagino que hay muchas razones, pero solo escribiré sobre unas cuantas que yo, personalmente, he vivido:

-No molestar: Recuerdo un tiempo en el que le pedía a Dios tan poco, ¡mis oraciones daban pena! Pensé que estaba molestando a Dios, que pedir demasiado era inapropiado y que orar por mí misma era egoísta.  Era como si creyera que Dios tiene un aviso que dice “no molestar”.  Ahora oro sobre todo y por todo. Durante el día entero Dios me escucha, y lo maravilloso es que ¡quiere escucharme!

-Él ya sabe: De pronto piensas que Dios ya sabe todo lo que necesitas, entonces ¿por qué se lo tienes que pedir? Piensa en personas cercanas: tú sabes que te quieren, pero ¿sonríes cada vez que te lo dicen, cierto? A Dios le gusta escucharnos y mostrarnos su amor de muchas formas.

-No soy digno: ¿Cómo puedo pedirle a Dios todo lo que necesito después de lo que he hecho? Sí, todos somos pecadores y sí, no somos dignos, pero Jesús pagó el precio así que una vez aceptamos el regalo de la salvación que Jesús nos ofrece no miramos atrás pues somos nuevos y así es como Dios nos ve.

-No es gran cosa: Nuestra vida muchas veces parece estar llena de cosas “pequeñas” que nos roban paz, tiempo y alegría; y van creciendo hasta que se convierten en problemas graves. Necesitamos ser proactivos y pedirle a Dios su ayuda para lidiar con estas cosas aparentemente insignificantes.

Dios quiere que apreciemos todo lo que Él nos ha dado; quiere ser lo primero en nuestra vida y quiere tener una relación muy especial con nosotros.  Él quiere que le pidamos porque Él quiere darnos. “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.  Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”. (Mateo 7:7-8)

Manuelita @manuelitaotero

"Sólo pídele" es un capítulo, un abre bocas, de Blessed. Un libro fresco, cercano, cotidiano que nos ayuda a entender que nuestra relación con Dios no tiene que ser complicada ni lejana pues Él puede estar en nuestro día a día llenando nuestra vida de grande detalles y regalándonos una nueva perspectiva.  Blessed

 

Con Dios, el cuadro es completo

manuelita otero

¿Alguna vez has hecho todo lo posible para mejorar una situación y nada parece funcionar? Puede que creas o busques a Dios y hayas acudido a Él con el mismo problema una y otra vez, pidiéndole su dirección, pero su voluntad no es muy clara; lo que te deja confundida y, honestamente, un poco frustrada. La vida a veces no tiene sentido, pero esos momentos son precisamente en los que debemos aferrarnos más a Dios y recordar quién es Él. Ahí aparece la oportunidad para dejar ir la preocupación y confiar solamente en Él -y en su provisión- porque cuando lo hacemos somos testigos de milagros diarios. Recibimos exactamente lo que necesitamos en la forma más inesperada y logramos experimentar la presencia de Dios, que nos deja saber que Él está en control siempre. Pero, ¿cómo encontramos la fuerza para enfocarnos en Él mientras esperamos? ¿Cómo mantenemos viva nuestra fe y nuestro gozo mientras todo pasa?

- ACÉRCATE: ¿Cómo puedes confiar en alguien si no lo conoces? Toma tiempo para conocer la Palabra de Dios. Ahí encontrarás las promesas que Él te ha hecho, lograrás conocer mejor a Dios y, seguramente, notarás cómo se relaciona con tu vida diaria. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” (Salmo 119:105)

- ESCUCHA: A medida que lees la Palabra de Dios, pídele al Espíritu Santo que te revele su voluntad para tu vida. La Palabra de Dios es vida y hablará a tu situación dando fortaleza, paz y la sabiduría que necesitas. Pídele a Dios dirección, y ten la certeza de que Él te responderá. “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.” (Jeremías 33:3)

- ACTÚA: Mientras pasas tiempo en silencio con Dios, Él te dará dirección en lo que debes hacer. A veces puede que no sea muy clara o que sientas que necesitas confirmación, pero una vez tengas paz y claridad, obedece y sigue su dirección. Eso puede ser difícil porque Él puede pedirnos hacer algo que nos rete, que nos saque de nuestra zona de confort o algo que parece imposible. En ese momento es cuando debes recordar que “Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.” (2 Pedro 1:3)

- ALABA: Dios es fiel y lo alabamos no solo por lo que Él puede hacer por nosotros sino por lo que Él ya ha hecho por nosotros. Siempre mira el cuadro completo. Tu situación es importante para Dios y Él está haciendo cosas maravillosas, así todavía tú no las veas. Pero lo más grande que Él ha hecho es darnos el regalo de la salvación. Cuando creemos, nuestros problemas no pueden ser más importantes que Dios quien nos ha dado vida eterna por medio de Jesús. Adoramos y alabamos a Dios porque es nuestra alegría y nuestro propósito.

“Y dijo Dios: ‘¡Que exista la luz!’ y la luz llegó a existir.” (Génesis 1:3) Cuando entendemos que la Palabra de Dios es poderosa y que es la verdad, vemos todo con una perspectiva diferente. Nuestro Dios es nuestro Padre fiel, lo que Él dice sucederá. Demuestra con tu diario vivir la alegría de conocer a Dios, de saber que Él te ve,  te escucha y te está bendiciendo en medio de todo.

Manuelita

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¿Y si cada uno de nosotros impacta positivamente otra vida cada día?

manuelita otero

Tengo una amiga que quería compartir tiempo con los niños que viven en refugios y encontró una organización con un programa bastante interesante que te conecta con un niño en particular. Ella se inscribió esperando que su nuevo amigo o amiga fuera un niño pequeño a quien ella pudiera llevar al parque, a cine, al zoológico y a hacer todos esos planes que uno suele hacer con los pequeños. Sin embargo, en vez de conectarla con un niño, la conectaron con una joven de 18 años. Mi amiga estaba sorprendida e incluso un poco desanimada porque no era lo que ella estaba planeando, pero después de varios años de amistad con esta joven, mi amiga se ha acercado mucho a ella, ayudándola a ella, a sus hermanas y a sus hijos. Vidas están cambiando porque mi amiga sacó el tiempo para ayudar a otros.   

Todos estamos ocupados, tenemos a veces tantas responsabilidades y trabajos por hacer que, sinceramente, es difícil encontrar el equilibrio que muchos queremos y que tanto necesitamos. En las carreras del día a día podemos perder oportunidades para hacer la diferencia, crecer, cambiar, para invertir en aquello que tiene valor y que no es fácil de medir. Seguramente, no quieres despertar una mañana y darte cuenta de que tienes un montón de cosas ganadas y logros laborales o personales, pero que nunca impactaste positivamente la vida de alguien por estar simplemente muy ocupado… “Recuerden lo siguiente: un agricultor que siembra solo unas cuantas semillas obtendrá una cosecha pequeña. Pero el que siembra abundantemente obtendrá una cosecha abundante”. 2 Corintios 9:6
 
La fundación en la que yo trabajo, por ejemplo, tiene un programa en el que niños de barrios marginales de Atlanta juegan tenis con policías y voluntarios para ayudar a eliminar las barreras que hay en la comunidad. Usualmente, mi familia y yo, vamos y disfrutamos muchísimo. Cuando aisitimos a este programa, pensamos que vamos a ir a ayudar y a dar, cuando en realidad somos nosotros quienes más recibimos. No creo si quiera que alcancemos a imaginar la diferencia que dos horas de tenis hacen en la vida de los niños que asisten, en mis hijos y en mí, claro está.  

“El generoso prosperará, y el que reanima a otros será reanimado” Proverbios, 11:25 Encontramos gozo en dar y esto empieza cuando disponemos nuestra vida para que pueda ser parte de la vida de alguien más. 
 
Muchas veces vemos una situación complicada y nos quejamos y nos sentimos tristes respecto a esta. ¿Qué tal si, en vez de quedarnos sólo en eso -en la queja y en los sentimientos- somos parte de la solución? ¿Qué tal si cada uno de nosotros impacta positivamente la vida de por lo menos una persona cada día y esa persona impacta la vida de otra persona, y esta última persona la de otra, y así…? ¿Eso no haría una gran diferencia en el mundo en el que vivimos? Podemos comenzar ya mismo separando, al menos, algo de tiempo para ayudar o apoyar a otros. ¿El día de quién quieres cambiar hoy?

Manuelita

Lo imposible, hecho posible

manuelita otero

Yo todo lo escribo. Mis ideas, tomo notas en las reuniones y hago resúmenes de los libros que leo, entre otras cosas. Todas estas notas terminan en un gran folder donde esperan su turno para algún día ser pasadas a mi computador y, así, poder tenerlas a la mano y que puedan estar mejor organizadas.

El otro día llevé a mi hija a trabajar con sus productores de música y mientras ellos hacían música que, por cierto, me gusta mucho, yo trabajaba. Ese día decidí llevar mi folder de notas y escritos para actualizar unos cuantos. Me encanta abrir el folder para ver con qué me voy a encontrar porque tengo notas de hace muchos años y lo disfruto porque siento que regreso en el tiempo. Pero nada me podría haber preparado para lo que me iba a encontrar esa tarde.

Hace casi siete años nuestras vidas cambiaron completamente. Todo, de un momento para otro, estaba patas arriba y a todos en mi familia nos afectó profundamente incluyendo a mi hija, que al tener que enfrentar tantas cosas a la vez, decidimos llevarla a donde una psicóloga para que nos guiara. Durante una de las citas con la psicóloga tomé unas notas y ahora, años después, leyendo lo que escribí en ese momento sencillamente no lo puedo creer. Yo soy una persona muy positiva y usualmente olvido las experiencias malas así que, a medida que leía esas notas, recordé que la situación realmente era terrible.  

Las palabras utilizadas para describir los asuntos con los que mi hija estaba lidiando eran desesperanzadoras: ansiedad, hiperactividad, sistema nervioso demasiado acelerado, déficit de atención, percepción errada de su entorno, autorechazo, depresión, en fin... las palabras continuaban haciendo parecer esa situación irreversible y permanente. Inmediatamente regresé a ese día. Recuerdo la reunión, el dolor, la confusión. Recuerdo mis dudas, mis miedos y mientras yo estaba ahí, visitando el pasado, escuché a mi hija -siete años después- cantando la canción en la que está trabajando con sus productores. Fue un contraste tan fuerte y maravilloso: el pasado sin esperanza y el presente redimido. Lo imposible, hecho posible. Fue un recuerdo en mi vida clarísimo de que la Palabra de Dios es verdad, cuando Él dice que hará algo, así será, no importa lo difícil que parezca.  “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente. Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer.” (Números 23:19)

A veces olvidamos lo lejos que hemos llegado y lo mucho que hemos crecido. No estamos en el mismo lugar, siempre estamos cambiando. Yo miro mi vida ahora, varios años después de aquella difícil situación que vivimos, y siento que aún hay mucho por hacer, pero también puedo apreciar y agradecer lo mucho que Dios ha hecho.

A veces no sabemos por qué las cosas malas pasan. En Juan 9 podemos leer como los discípulos cuestionaron a Jesús acerca del culpable y de la causa por la que un hombre había nacido ciego , “No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres —contestó Jesús—. Nació ciego para que todos vieran el poder de Dios en él.” (Juan 9:3). Dios puede convertir cada situación en una celebración de su gracia y su poder.

Las palabras usadas en ese papel para describir a mi hija no definieron quién era ella ni quién es hoy porque Dios tenía un mejor plan para su vida. Y Él tiene un maravilloso plan para cada uno de nosotros sin importar lo difícil que parezca. Para Dios nada es imposible. Él no está sorprendido ni preocupado por nuestros problemas y enredos. Él está listo para tomarlos y convertirlos en algo increíble que le dará a Él gloria.

Yo estoy asombrada de cómo Dios trabaja. Cuando más lo necesitaba, Él me recordó -de una manera inusual- lo qué Él ha hecho en mi pasado, y eso me dio una nueva perspectiva.

Habla vida en tu situación, sea lo que sea que estés atravesando. Dios está en control y sus promesas son reales. “En vez de su vergüenza,  mi pueblo recibirá doble porción; en vez de deshonra, se regocijará en su herencia; y así en su tierra recibirá doble herencia,  y su alegría será eterna.” (Isaías 61:7)

Manuelita

¿Cuál sientes que es tu propósito?

manuelita otero

Mi hija y yo vemos Chopped, un programa de cocina que transmiten en The Food Network. Es una competencia culinaria en la que los chefs invitados tienen que preparar deliciosos platos que incluyan una canasta de ingredientes escogida por un panel de expertos en un tiempo limitado. El plato principal lo tienen que preparar en 30 minutos y corren por toda la cocina trabajando en sus creaciones. El reloj digital les va avisando el tiempo que les queda y el presentador del show les hace el conteo regresivo cuando quedan tan sólo pocos segundos: “10 segundos… 5 segundos…”  Cuando se acaba el tiempo suena una campana. En ese momento los chefs levantan los brazos sin poder tocar su plato, solo lo pueden observar y esperar la opinión de los jueces.

Nosotros también tenemos un reloj y un día la campana va a sonar, el tiempo se va a acabar y nuestra vida estará al frente nuestro, lista para ser presentada a nuestro juez. ¿Qué pasará por tu mente mientras observas lo que hiciste con lo que te fue dado? ¿Te sentirás satisfecha o te gustaría haber tenido unos años adicionales para hacer algunos ajustes? Si soy honesta, yo no siento esa urgencia cuando voy por la vida. Hay tanto en mi día a día que mi misión parece estar esperando en la línea, detrás de muchas otras cosas que algún día haré cuando tenga tiempo. ¿Qué ha puesto Dios en tu corazón? ¿Cuál crees que es tu llamado? ¿Lo estás viviendo?

Antes de preocuparnos o de comenzar a sentirnos culpables, debemos entender que no tenemos que correr estresados por cada minuto que pasa como los chefs del programa. Nuestra misión no es algo que que quepa en un horario; por el contrario, es nuestra vida y debe verse reflejada en todo lo que hacemos. Hace parte de nosotros. Está relacionado con ser y eso solo lo podemos lograr cuando sabemos quiénes somos en Cristo “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” (Efesios 2:10)

Debemos estar listos y disponibles porque Dios quiere bendecir a muchos por medio nuestro. “Mientras sea de día, tenemos que llevar a cabo la obra del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar.” (Juan 9:4)  El momento es ahora porque hoy es todo lo que tenemos, este día es un regalo y una oportunidad que es mejor no malgastar.  Dios siempre está trabajando y todo lo que Él hace tiene un propósito. “… ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura” (Juan 4:35)

Manuelita

Mi vida, mi testimonio

manuelita otero

¿Alguna vez has estado alrededor de alguien que habla con emoción sobre su ciudad o su lugar favorito? Sus ojos parecen agrandarse a medida que te van describiendo la comida, los paisajes, la gente y todo lo que pasa en ese lugar tan especial y lo más probable es que te termine diciendo:“¡ tienes que ir!” Me pregunto qué pasaría si yo me emocionara asi cuando hablo de mi historia, y no por todo lo que he logrado, sino por todo lo que Dios ha hecho en mi vida y la forma en la que Él me ha apoyado en todas las situaciones, tanto en las buenas como en las malas. Como creyentes, cuando interactuamos con algunas personas a nuestro alrededor, ellas deberían quedarse con la curiosidad acerca de qué tenemos especial para luego decir “yo quiero algo similar”. Y ese “algo” no es plata o una vida glamorosa, ese “algo” es el gozo que Dios nos da.

Leemos en la Biblia sobre una vez en la que Jesús se encontró con una mujer samaritana que buscaba agua, apenas ella supo que Él era el Mesías, a quien estaban esperando, “La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente: - Vengan a ver a  un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?” (Juan 4:28-29)

Cuando creemos en Dios muchas veces pensamos que tenemos que “arreglar” la vida de otras personas, pero esa no es nuestra responsabilidad. No se supone que tengamos que cambiar a quienes nos rodean, debemos amarlos. Los invitamos diciéndoles: “Ven y mira lo que Dios ha hecho en mi vida. No tienes que creer, no tienes que escuchar largos sermones. Solo estoy tan feliz que quiero compartir lo que estoy viviendo contigo.” Nuestra vida es nuestro testimonio. Hemos sido llamados a ser amor a donde quiera que vayamos. No se supone que debamos juzgar, asumir o rechazar a alguien. Muchas veces olvidamos lo que está escrito: “Porque  tanto amó Dios al mundo, que dio a su HIjo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda , sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16) La palabra “todo” incluye a todo el mundo, ¿quién soy yo acaso para decidir a quién amar y a quién no? Jesús murió por todas las personas.

Todos los que amamos a Dios tenemos una gran responsabilidad: “...Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hechos 1:8)  ¿Están las personas a tu alrededor emocionadas de escuchar tu testimonio? ¿Sienten algún tipo de interés cuando les dices “ven y mira”? ¿Estás amando incondicionalmente como Jesús te ama a ti? Tu vida, tus experiencias y tus historias han sucedido por un motivo. Son parte de tu testimonio para el mundo y un canal para que Dios muestre su amor a las personas a tu alrededor.

Invita a otros a tu vida, pero no para “enseñarles” o para darles “sermones” sobre lo que deben o no deben hacer, pero sí para amarlos y para mostrarles que el amor de Dios es bueno y que Él puede hacer cosas maravillosas en cualquier momento. Deja que tu vida sea una invitación abierta y una puerta abierta para que muchas personas puedan sentir el amor de Dios.

Por Manuelita

 

Quererte para querer, perdonarte para perdonar

manuelita otero

En una etapa muy difícil de mi vida decidí acercarme a Dios en busca de algo de paz en medio del desespero, y sentí dos invitaciones concretas de su parte que se resumían en dos palabras también concretas: amor y perdón. Para mí eran palabras obvias, aparentemente fáciles de comprender y de aplicar. Así que me puse en la tarea de hacer lo que yo creía que significaba aceptar esas invitaciones: intenté tener mejores pensamientos hacia las personas, empecé a estar más pendiente de mi familia, procuré ser más amable con mis vecinos y compañeros de trabajo, quise hacer mejores “obras” y donar más tiempo y más cosas, empecé a orar por personas que me caen mal, empecé a tratar de “tratar mejor” -valga la redundancia- a mis amigos, así me ofendieran o me molestaran sus acciones o decisiones; en fin, empecé a tener comportamientos que si no lograban del todo su cometido, por lo menos evidenciaban mi intención de decirle a Dios con mi vida: “Aquí estoy. Te quiero conocer mejor y creo que te necesito mucho más de lo que yo misma entiendo o puedo imaginar”.   

Todo esto que hice debe tener seguramente algún tipo de mérito. Lo cierto es que siento que me ha beneficiado en varias áreas de mi vida y lo más probable es que también haya tenido algún tipo de impacto positivo en otras personas. Sin embargo, lo que no noté en un principio y que ahora me está tomando un tiempo entender y vivir, es que el orden que Dios me indicó en el momento en el que me acerqué a Él era: “ámate y perdónate”, y luego sí “ama y perdona”. Por algo, la biblia dice claramente en uno de sus versículos más populares: “… Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22:39). Al principio, por algún motivo, sencillamente, yo pase muy por encima de ese “ti mismo”.

Yo era de ese tipo de mujeres que creía que se quería mucho porque estudiaba y trabajaba, porque de vez en cuando se daba gustos, se compraba cosas lindas, se divertía en fiestas y paseos, se daba permisos y porque hacía una que otra cosa que la apasionaba, pero una vez me encontré frente a frente con Dios me di cuenta que en realidad yo llevaba mucho tiempo triste, confundida, con una autoestima deteriorada y que, además, estaba pasando por un momento de mi vida en el que tenía un corazón lleno de sentimientos que me estaban quitando luz y paz. Una etapa en la que no me quería lo suficiente y mi mente me juzgaba todo el tiempo. En últimas tenía un corazón que mendigaba amor, que estaba lleno de culpas y miedo porque, de alguna manera, esperaba siempre un castigo de parte de la vida y de Dios por haber hecho o pensado esto o aquello.

Hoy en día, luego de iniciar mi proceso de querer conocer a Dios y de disfrutar de su amor profundo e infinito, puedo afirmar con total certeza que antes estaba muy lejos de saber realmente quién era Él, quién podía ser en mi vida y qué podía hacer con ella. Fue desde ese momento de sinceridad conmigo misma y con Él, que empecé a disfrutar de la misericordia de su perdón, y a notar la importancia de que yo me perdonara y me amara. Tener misericordia con uno mismo no es una tarea fácil, por eso creo que a veces Dios llega por nosotros justo cuando hemos cometido uno o varios de los peores errores de nuestro camino.

Como yo estaba en un periodo en el que había hecho cosas que me hacían sentir como una completa desconocida de mí misma, me aterraban y me decepcionaban hasta lo más hondo de mi alma, Dios me mostró con su ejemplo -actuando en mi vida de una manera impresionante- de qué se trataba el perdón: de arrepentimiento en lugar de culpa, de libertad en lugar de condenación, de paz en lugar de amargura, de humildad en lugar de autodestrucción, de presente y futuro en lugar de pasado. Dios “llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros como está el oriente del occidente.” (Salmos 103:12)

Mi vida es antes y después del amor que empecé a tenerme, antes y después de creer en Dios -en un Dios que tiene que ver mucho más con el amor sincero y con un estilo de vida que con prácticas y tradiciones religiosas- y de recibir su perdón. Y aunque me falte mucho, puedo asegurar que ahora me queda más fácil perdonar, incluso ahora hasta me gusta. Ahora, por fin entiendo que será importante demostrarle a mi hija que ella ganará mucho más en esta vida cuando, en vez de regalarle toda su energía a la culpa y a planear castigos, le ponga el alma a quererse para querer; a perdonarse para perdonar y a intentar restituir cualquier daño hecho.

Por Ana

¿Qué estas haciendo con tus dones?

manuelita otero

“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.”  (Mateo 5:14-16)

Dios nos llama luz del mundo, ¿No te parece esto difícil especialmente en este mundo que a veces parece tan oscuro? 

Al leer este bello verso, me pregunto, “¿Estoy siendo luz del mundo?, ¿Está mostrando mi vida el amor de Dios para que todos lo alaben?” Si soy honesta, tendré que decir que no siempre. A veces permito que las distracciones en mi vida silencien el suave susurro de Dios y muchas veces cedo ante el miedo, dejo que me frene y no hago lo que Dios quiere que haga. 

¿Hay algo que Dios ha puesto en tu corazón, pero has tenido demasiado miedo para tomar el primer paso? ¿Cómo sería tu vida si utilizaras tus talentos y dones sin dejar que el miedo se atraviese en el camino?

Dios tiene un plan maravilloso para la vida de cada persona, pero muchas veces en vez de dejar que Él nos guíe, permitimos que el miedo nos frene. Dios tiene una misión para cada uno de nosotros y nos ha dado todo lo que necesitamos para alcanzarla. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.” (2 Timoteo 2:16-17) Tenemos el Espíritu de Dios en nosotros y Su Palabra, aun así permitimos que el miedo nos impida alcanzar la misión para la cual hemos sido creados. También tenemos fortalezas, talentos y dones que Dios sabía que necesitaríamos para alcanzar el sueño que Él puso en nuestro corazón. 

De pronto recuerdes lo fácil que era hacer lo que te gustaba o soñar en alcanzar lo imposible cuando eras un niño, pero a medida que fuiste creciendo, en vez de creer que Dios puede hacer cosas increíbles por medio tuyo, comenzaste a escuchar a personas que te decían que de verdad “crecieras” y que buscaras un trabajo “realista”.  El Dios a quien servimos -el único Dios- es capaz de hacer más de lo que podemos imaginar, entonces necesitamos dejar de reducirlo a lo que creemos posible.  Comenzamos nuestro camino con Él y durante todo el recorrido nos enfocamos en Él. El mundo tratará de distraernos con sus etiquetas de lo que es “exitoso” pero cuando estamos mirando a Jesús, no caemos en esas trampas. Nuestro objetivo es honrar a Dios, usar los dones y talentos que Él nos ha dado para mostrarle a otros el camino, y en eso es en lo que nos debemos concentrar. Nuestra misión es glorificar a Dios en todo lo que hacemos. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13) Dios tiene grandes expectativas para nosotros porque Él es quien obra por medio nuestro y Él es grande, ¿no te parece que debería entonces poder hacer cosas grandes?

“Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.” (Santiago 1:17) Mírate como Dios te ve. Abre tus ojos y date cuenta cuán bendecido eres, cuanto talento tienes y lo maravilloso que eres. No eres perfecto o perfecta, nadie lo es, pero si eres precioso o preciosa. Reconoce las fortalezas y talentos que Dios te ha dado, dale gracias y pídele que te muestre cómo utilizarlos, porque tú has sido creado para glorificarlo con tu vida.

Por Manuelita 

Todo empieza con una decisión

manuelita otero

¿Alguna vez has esperado en la fila de un almacén cuando la cajera es nueva o has manejado detrás de alguien que está aprendiendo a conducir? ¿Recuerdas tu primer día en el trabajo o en clase? Es difícil comenzar algo nuevo. Estás emocionada y a la vez nerviosa e incluso hasta un poco incómoda porque no sabes mucho acerca de lo que estás haciendo por primera vez.  

Lo mismo podría suceder cuando comienzas a seguir a Jesús. Puede que te sientas abrumada por cosas que no entiendes y aunque las personas a tu alrededor sean muy especiales y te animen, te da pena molestarlas con tus preguntas. De pronto te pones demasiada presión y para evitar verte “ignorante” o “desagradecida” decides quedarte callada y no compartir con nadie lo que estás sintiendo.  Una relación con Jesús puede parecer complicada, pero ¡no lo es!

Dios nos ama exactamente donde estamos. Él no está esperando que lleguemos a cierto nivel de conocimiento o comportamiento antes de acercarnos a Él. Por alguna razón, a veces pensamos que para merecer ser cristianos debemos haber completado ciertos pasos, haber leído la Biblia completa por lo menos una vez y poder recitar versículos de ella.

Nuestro caminar con Dios es un viaje único que comienza con una decisión. La decisión es clara y personal: ¿Aceptas a Jesucristo como tu Salvador? Solo tú puedes decidir y si la respuesta es “sí”, entonces Dios guiará tu camino según Su plan y te dará lo que necesites para el viaje. Él pondrá en tu vida a las personas que necesites y Él celebrará cada victoria contigo. Nada es demasiado pequeño, porque cada paso hacia Él merece celebración. Esta no es una carrera contra tus amigos o contra las personas que parecen ser muy espirituales porque saben mucho, esta es una relación entre tú y Dios y mientras más tiempo pases con Él, más lo conocerás. “El Espíritu y la novia dice: ‘¡Ven!’ El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” (Apocalipsis 22:17)

En la Biblia a menudo leemos ejemplos relacionados con procesos. Jesús a menudo hablaba sobre la siembra y la cosecha, “…El que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta el ciento por uno.” (Mateo 13:23)  También leemos sobre cómo el pueblo de Dios a menudo viajaba de un lugar a otro y en todo momento Dios estaba con ellos: “De día, el Señor iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo podían viajar de día y de noche.” (Éxodo 13:21)

Si estás tomando tus primeros pasos en este maravilloso viaje con Dios, estoy feliz por ti, y me gustaría compartir algunas de las cosas que me han ayudado en mi camino:

Haz del tiempo con Dios tu prioridad: Sé que necesito pasar tiempo con Dios inmediatamente me levanto, pero para ser honesta, por alguna razón para mí es difícil quedarme quieta y separar tiempo con Él, por eso sé que debo hacerlo a propósito porque el enemigo utilizará todo tipo de tácticas para evitar que pasemos tiempo con Dios. Hazlo un hábito, notarás la diferencia.  Pasar tiempo con Dios es la mejor forma de comenzar tu día.

Registra tu viaje: Deja huella de tu viaje con Dios para que a menudo te devuelvas y leas o veas la fidelidad de Dios en tu vida y lo alabes por todo lo que Él ha hecho. Leer, ver fotos o revisar otro tipo de recuerdos sobre la forma en que Dios se ha manifestado en el pasado te dará fuerzas cuando estés pasando por dificultades y te recordará que nada es imposible para Él. Nuestro viaje es tan emocionante que necesitamos documentarlo y compartirlo. Escribe los pensamientos que recibes mientras pasas tiempo con Dios en silencio, versículos de la Biblia, lo que sientes y las historias que Dios está escribiendo en tu vida para que luego las puedas compartir con otros.

No te compares: Este es un viaje único, así que no encontraremos dos historias repetidas. Cuando estés alrededor de personas que pueden rápidamente recitar versículos de la Biblia, que saben mucho o que  oran de forma espectacular, no te sientas mal, nadie te está juzgando si tú no haces lo mismo, lo que realmente importa es dónde está tu corazón.

Pídele a Dios un mentor: Cuando le hablas a Dios, Él escucha. Es maravilloso tener a tu lado a alguien escogido por Dios para compartir el viaje. Pídele a Dios que te envíe a alguien que te ayude, te guie y con quien puedas compartir los momentos difíciles, pero también los felices; alguien con quien puedas compartir tu amor por Dios.  

Puede que hayamos escuchado que la vida es un viaje y no un destino y sí debemos disfrutar el tiempo que Dios nos ha dado aquí en la tierra y lograr nuestra misión, pero no podemos perder de vista nuestro destino final: una eternidad en la presencia de Dios.

Así que ánimo, toma ese primer paso y ten la seguridad de que personas que ni siquiera conoces están orando por ti y celebrando cada etapa de tu viaje.   

Por Manuelita

 

 

La alegria de dar

manuelita otero

Imagínate por un momento que estás sentado en el pasto al lado de mucha gente escuchando las enseñanzas de Jesús, tratando de entender el significado de las historias que está contando. Imagina lo que pensarías al escucharlo decir: “…Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5:44) o “Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra.” (Lucas 6:29) Palabras como estas eran un difícil desafío para las personas en ese tiempo y podríamos decir que aun hoy nos retan pues son lo completamente opuesto a lo que estamos acostumbrados a escuchar y a lo que consideramos “justo” o “correcto”.  

Otra enseñanza que se nos dificulta está relacionada con el concepto de dar. Dios lo sabía y por esta razón no solo nos dijo que debemos dar sino que además nos reta a que lo hagamos y veamos los resultados: “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto – dice el Señor Todopoderoso-, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.” (Malaquías 3:10) Dios nos ha dicho lo que sucederá cuando compartamos lo que tenemos, pero aun así somos necios y se nos dificulta dar. ¿Por qué es tan difícil dar?

¿Alguna vez has escuchado una misma enseñanza de diferentes fuentes y al mismo tiempo? Es como si Dios no quisiera que perdiéramos lo que nos quiere decir. En estas semanas Dios ha puesto en mi corazón el hecho de que siempre estamos sacrificando algo, pero a veces no nos damos cuenta.

En nuestra iglesia el otro día un nadador competitivo contó que muchas veces no se quería levantar temprano para entrenar, pero que si dormía así fuera sólo un poco más sacrificaría sus sueños, entonces cada mañana él escogía sacrificar su deseo de seguir durmiendo a cambio de levantarse y entrenar. Siempre estamos tomando decisiones acerca de cómo utilizamos nuestros recursos, ya sea dinero, tiempo o talento. En algunos casos lo que escogemos tiene un impacto eterno. En otros, nuestras decisiones nos hacen sentir bien por un rato y hasta ahí llega su beneficio. Dar no es tan fácil, pero tiene mucha importancia y puede impactar positivamente la vida de alguien.

Mientras más damos, más fácil es hacerlo, al punto que se puede convertir en un hábito. Y una vez escuchas los llamados del Espíritu Santo mostrándote a quién bendecir pareciera que obtienes más oportunidades para hacerlo. Somos canales, no recipientes y las bendiciones de Dios deben fluir por medio nuestro en vez de quedarse estancadas. Dar no es solo una oportunidad, una gran alegría, un honor y una responsabilidad; también es algo que se nos devuelve. “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” (Lucas 6:38) Cuando damos recibimos más de lo que podemos imaginar.  Mientras más damos, más se llenan nuestras vidas.

Es necesario que veamos la acción de dar como una oportunidad. Damos porque Dios nos ha dado y porque lo que compartimos puede cambiar vidas ahora.

Imagínate nuevamente que mientras escuchas a Jesús hablar, Él se queda mirándote fijamente y te recuerda que no importa si das mucho o poco, lo importante es tu buena actitud al dar. ¿Estás listo para aceptar Su reto?

Por Manuelita

Viajando liviano

manuelita otero

Cada vez que regresamos de un viaje -por corto que sea- siento el deseo de limpiar mi casa y regalar cosas. Puede que suene raro, pero creo que después de estar un tiempo alejada de mis cosas, me doy cuenta que tengo más de lo que necesito.

Hace poco nos movimos a un apartamento y fue maravilloso quedarnos solo con las cosas que agregan valor a nuestra vida y regalar lo demás. Se siente bien simplificar la vida.

A veces, sin darnos cuenta, nos vamos llenando y llenando de cosas. Muchas de ellas innecesarias. La publicidad nos bombardea con el mensaje de que comprar más y acumular cosas nos dará más oportunidades y nos hará más felices, y la verdad es que muchas veces caemos en esa trampa sin importar cuánto tengamos. Las cosas materiales no son malas, lo malo es cuando ponemos demasiada importancia en ellas y olvidamos lo que realmente importa en la vida.

Muchos han comparado la vida con un viaje, la pregunta que me hago entonces es: “¿Cómo podemos viajar liviano?”

- Elimina peso innecesario: El primer paso para viajar liviano es deshacernos de cosas que nos están pesando… recuerdos, sentimientos, pensamientos, entre otras tantas. Puede sonar obvio, pero a veces no es tan fácil como parece porque algunas de esas cosas las hemos estado cargando por tanto tiempo que no nos damos cuenta. Puede que pensemos que son parte nuestra y, por lo tanto, no las podemos dejar ir o ni siquiera pensamos que sean el verdadero problema. Sentimientos pesados y dañinos usualmente se esconden y salen cuando menos los esperamos. Crean cosas que pensamos son parte de nuestra personalidad o sentimientos que no podemos controlar, pero creo que sí podemos y debemos. “…Abandonen también todo esto: enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno. Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador.” (Colosenses 3:8-10)

- Sé práctico: ¿No te parece maravilloso lo práctico que es Jesús? Mientras estuvo en la tierra, le gustaba utilizar lo que tenía a la mano para hacer cosas increíbles. Él convirtió agua en vino durante un matrimonio (Juan 2:1-11).  Alimentó a más de 5,000 personas con sólo cinco panes y dos peces (Mateo 14:17-20), e hizo barro mezclando su saliva con tierra para darle la vista a un ciego (Juan 9:6). Estos son tan solo unos ejemplos en los cuales Jesús nos estaba tratando de enseñar que para hacer cosas grandes no necesitamos mucho, sólo necesitamos a Dios porque nosotros no hacemos que las cosas sucedan. Él lo hace. Lo que tenemos: nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras conexiones, nuestra educación y nuestros talentos no tienen valor sin Dios. Puede que hagamos cosas grandes, pero ¿tendrán el impacto que Dios había planeado? ¿Dejarán un legado? ¿Cambiarán vidas y tocarán almas? Dios nos guía, nosotros obedecemos y Él hace que las cosas sucedan.

- Lleva lo que necesites: Muchas veces simplemente no sabemos lo que necesitaremos en el viaje, entonces llevamos más de la cuenta lo cual nos distrae y nos demora, pero si vamos primero a Dios, Él nos dice exactamente qué llevar y qué no llevar: “Habiendo reunido a los doce, Jesús les dio poder y autoridad…’no lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos mudas de ropa´” (Lucas 9:1-3) Dios quiere que confiemos en Él y que estemos seguros de que Él nos dará exactamente lo que necesitamos y, además, lo hará de forma increíble. A Dios le gusta deleitarnos y sorprendernos.  Él utiliza situaciones “imposibles” para mostrarnos Su amor y Su poder y para fortalecer nuestra fe.

Nuestras cosas no tienen poder, nuestro Dios sí. “Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos.” (1 Timothy 6:7)

En la presencia de mi Salvador

manuelita otero

“Espíritu guíame donde mi confianza no tenga límites, ayúdame a caminar donde me llames. Llévame más allá de lo que mis pies puedan andar y así mi fe se fortalecerá en la presencia de mi Salvador”  Oceans by Hillsong

El otro día en la iglesia cantamos “Oceans” de Hillsong. Esta canción me encanta pues me recuerda el poder de Dios y Su deseo de llevarnos aún más profundo, lejos de nuestra zona de confort, para que seamos testigos de Su gloria y de Su fidelidad. Él quiere que vivamos vidas extraordinarias, más allá de lo que pensamos posible porque Él es Dios y Él lo puede hacer, pero a veces dejamos que el miedo no nos deje tomar ese paso de fe y perdemos grandes oportunidades. Yo quiero fe sin límites, quiero ir más profundo y dejarle el control total a Dios para que mi fe pueda crecer y fortalecerse cada día.

Mientras cantábamos escuchaba fuertemente en mi corazón la frase “en la presencia de mi Salvador”. En la presencia de mi Salvador es la única forma en la que mi fe puede crecer, es la única forma en la que mi fe no tiene límites y es la única forma para vivir la vida que Dios ha planeado para mí.  En Su presencia soy todo lo que Él quiere que yo sea, todo lo que puedo ser.

Entonces comencé a pensar… ¿Qué significa estar en la presencia de mi Salvador? ¿Es acaso el tiempo que paso con Dios en silencio cada mañana? ¿Es el tiempo que comparto con Él los domingos? ¿Es cuando me reúno con amigos a orar? Y la respuesta es Sí. En todos esos momentos estoy en Su presencia, pero no son los únicos. Para mí, estar en la presencia de Dios es vivir cada momento de mi vida en Él. Es mi diario vivir según la voluntad de Dios, en Su amor, Su gozo y Su paz.  ¿Puedes imaginar cómo serían nuestras vidas si recordamos esto más a menudo?

¿Significa esto que solo hablamos de Dios y pensamos en Él y dejamos nuestras responsabilidades, actividades y gustos a un lado? Claro que no, solo que vivimos nuestra vida como Dios quiere que la vivamos.

Escuchamos tanto sobre vivir en el presente y creo que a muchos nos gustaría lograrlo, pero es difícil pues a menudo nos sentimos agobiados con problemas. Tenemos mucho que hacer y poco tiempo para todo eso que hay que hacer; lo que llena nuestro “ahora” de preocupaciones, prisa y multitasking, robándonos muchas veces la posibilidad de saborear el momento. Sin embargo, una vez decidimos enfocarnos en Dios y vivimos nuestra vida en Su presencia podemos disfrutar de cada momento. Ya no nos preocupamos porque sabemos que esa actitud no ayuda para nada, “¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” (Mateo 6:27). Tampoco tratamos de hacer muchas cosas a la vez pues sabemos que “Más vale poco con tranquilidad que mucho con fatiga… ¡corriendo tras el viento!” (Eclesiastés 4:6) No nos preocupamos por el pasado porque sabemos que Dios está haciendo algo nuevo “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo Nuevo! (Isaías 43:18-19)

Este momento es valioso… este latido de mi corazón, el aire que acabo de inhalar y la palabra que acabo de escribir. Esto es todo lo que tengo. Aquí y ahora estoy en la presencia de mi Salvador. ¿Qué podría ser mejor que eso? Todas las personas que están a mi alrededor, todas las situaciones que estoy viviendo y todas las experiencias por las que tengo que pasar tienen un propósito si dejo que Dios me guíe y si confío en Él completamente.  Él utilizará mi ahora para construir mi eternidad.

La vida es demasiado valiosa para dejar que el pasado o que las preocupaciones del futuro me distraigan de mi presente.  

Por Manuelita

Una Obra Maestra

manuelita otero

Al visitar el Museo del Louvre en Paris, la mayoría de la gente espera en una larga fila para poder ver la obra maestra de Leonardo Da Vinci “La Mona Lisa”, una de las creaciones más famosas del mundo. Esta pintura vale millones, pero fácilmente, y por poco dinero, se pueden obtener copias. Todos sabemos que una copia no es igual que el original, por lo tanto no tiene el mismo valor. De la misma forma tú, yo y todas las personas a nuestro alrededor somos obras maestras, pero a veces preferimos ignorarlo y nos contentamos con ser réplicas. 

“Al verlo, Pedro preguntó: -Señor, ¿y éste, qué? – Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más.” (Juan 21:21-22) En este verso podemos  ver que a Jesús no le gustan las comparaciones. Jesús le estaba diciendo a Pedro la clase de muerte que sufriría para glorificar a Dios, pero Pedro también quería saber cómo moriría Juan.  

A veces cuando comienzo a mirar a mi alrededor preguntándome por qué otras personas obtienen ciertas oportunidades y yo no, me imagino a Dios diciéndome: “¿Y a ti qué? Tú sígueme no más.” Y me gusta hacerlo porque así me mantengo enfocada en Él y recuerdo no comparar. Dios quiere una relación personal con cada uno de nosotros. Él ya tiene un plan hecho a la medida de cada quien. Un plan para ti, un plan para mí. Por lo tanto, no tenemos que estar mirando lo que otras personas están haciendo. El plan que Dios tiene para mi vida es perfecto para mí aunque a veces no parezca. 

Pero siendo realmente sinceros es difícil vivir sin comparar. Pareciera que hemos sido entrenados desde pequeños a observar lo que otros están haciendo y a tratar de hacer lo mismo o superarlo. 

Cuando mis hijos estaban pequeños tenía varias amigas con hijos de la misma edad y a menudo yo los comparaba con mis hijos. Obviamente no lo hacía a propósito, pero por alguna razón si notaba que sus hijos podían deletrear su nombre, yo también comenzaba a practicar con mis hijos para que deletrearan el suyo. Si el hijo de mi vecina podía recitar los departamentos con sus capitales, yo conseguía material didáctico para que mis hijos los aprendieran también. Tenía imanes de letras en la puerta de la nevera para que practicaran y todo en nuestra casa estaba marcado con letras grandes al nivel de mis hijos para que aprendieran a leer más rápido. Yo solo quería asegurarme de que estaba haciendo todo lo que debería hacer como mamá para el desarrollo adecuado de mis hijos, pero aun así, a veces sentía que no era una mamá lo suficientemente buena. 

Finalmente, decidí silenciar mis miedos por el tiempo necesario como para poder escuchar a Dios decirme que yo era mucho más que “suficientemente buena” y que, en realidad, era MUY valiosa. Cuando acepté esta verdad sentí que por fin podía ser yo misma. Ya no tenía que aparentar tener todo bajo control o sufrir para que todo el mundo creyera que mis hijos eran angelitos que se comportaban perfectamente y que podían leer, escribir y recitar todo tipo de información. Además, ya no tenía que preocuparme por encajar porque ese ya no era mi objetivo. ¿Te alcanzas a imaginar la libertad que esto nos da? Podemos ser felices, aun con nuestras imperfecciones. Podemos sentirnos aceptados y amados sin importar lo que haya pasado y, finalmente, podemos apreciar lo maravilloso que es ser personas únicas. 

Pero para poder lograr esto, ¿cómo silenciar esa voz que continuamente nos está diciendo que no somos lo suficientemente buenos cuando nos comparamos con otras personas? 

- Renueva tu mente: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.” (Romanos 12:2)  Me encanta la palabra “renovar”. Me hace pensar en un océano de posibilidades continuas para dejar ir lo malo y abrazar lo nuevo. Me hace sentir que hay un comienzo nuevo cada mañana, cada hora o cada minuto si lo necesito. La oportunidad de renovar mi mente está ahí, pero tengo que aprovecharla, tengo que tomar la decisión y poner de mi parte. Depende de mí renovar mi mente por medio de lo que permito que haya en ella y lo que decido sacar. 

- Entiende que eres única: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones.” (Jeremías 1:5) Soy única. Dios ha designado una misión especial solo para mí y me ha dado todo lo necesario para completarla y lo glorificaré al hacerlo. Soy yo, nadie puede sentir lo que yo siento ni ver las cosas exactamente como yo las veo y eso ¡es maravilloso!  ¿Por qué querer ser como las demás personas? ¿Por qué querer encajar cuando se supone que debo sobresalir?

- Disfruta ser tú: “Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! (Filipenses 4:4) Me pregunto por qué no celebramos más. Tenemos tantas cosas por las cuales alegrarnos. El hecho de que somos valiosos a los ojos de Dios, de que tenemos un propósito, de que vamos camino a la eternidad para vivir al lado de Dios. ¡Hay tanto para celebrar!

¿Con quién te estás comparando? ¿Qué está evitando que seas todo lo que Dios ha preparado para ti? ¿Qué está impidiendo que vivas la vida que Dios te ha prometido?

Por Manuelita 

¡Soy increíble!

manuelita otero

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¡Cosas maravillosas me van a suceder hoy! ¿Alguna vez has dicho esto mientras te miras en el espejo? ¿Alguna vez te has recordado en voz alta quién eres y todas las cosas que han sido preparadas para ti? Creo que la mayor parte del tiempo somos nuestros más estrictos críticos: nos miramos e inmediatamente encontramos nuestras fallas. Por alguna razón somos tímidos cuando se trata de decir cosas positivas sobre nosotros. Pensamos que es inapropiado, innecesario o simplemente ridículo.

El enemigo no pierde ninguna oportunidad para mentirnos y para recordarnos todo lo negativo que hemos hecho en el pasado. Esa es una de las razones, pero no la única, por las que debemos declarar en voz alta quiénes somos en Cristo. Declarar la verdad es poderoso y lo debemos hacer a menudo. 

¡Realmente somos increíbles! Puede que no te conozca, que no sepa cómo te ves o lo que has logrado en tu vida hasta ahora, pero sé que eres alguien muy especial con un propósito y un maravilloso futuro y no hay nada que puedas decir que me haga dudar esto. ¿Por qué? Porque la Biblia dice que “Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” (Efesios 2:10)

Me encanta como la Biblia en inglés en la versión del New Living Translation traduce este verso “We are God’s masterpiece” ¡Somos una obra maestra! ¿No te parece eso extraordinario?, pero aún mejor, somos la obra maestra de Dios. Todo lo que somos ha sido dado por nuestro Creador con un propósito... nuestra apariencia física, nuestras habilidades, nuestros talentos y nuestra personalidad. Nada ha sido dejado al azar. Somos asombrosos porque pertenecemos a Él. 

Dios dijo: “Antes que te formara en el vientre te conocí y antes de que nacieras te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” (Jeremías 1:5) Debemos leer este verso hasta aprendérnoslo de memoria porque cada palabra nos indica cuánto nos ama Dios. 

El verbo “conocer” en la Biblia tiene un significado mucho más profundo que el que le damos hoy en día. Es la palabra utilizada para describir una relación muy íntima. “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín… Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc… conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set.” (Génesis 4:1,17,25) Esta palabra demuestra el vínculo entre dos personas. No se refiere a estar al tanto o saber de alguien. Cuando Dios dice que nos conoce, es en serio, y lo hace mejor que cualquier otra persona, mejor que nosotros mismos. 

Desde el comienzo de los tiempos hemos estado en la mente y en el corazón de Dios. Antes de que tus padres se conocieran y te concibieran, Dios te conocía. Él tenía grandes planes para tu vida antes de que lloraras por primera vez y desde que eras un recién nacido Dios ya te había escogido como profeta a las naciones. ¡Qué honor!

¿Por qué es entonces tan difícil vernos como hemos sido creados? ¿Por qué magnificamos nuestros aspectos negativos en vez de concentrarnos y mejorar nuestras fortalezas? ¿Dónde estamos observando los estándares de cómo nos vemos y nos sentimos? ¿De nuestros amigos? ¿De nuestros vecinos? ¿De la industria del entretenimiento?

¿Has escuchado una suave voz muy dentro tratando de llamar tu atención, diciéndote que no tienes que ser como todos los demás para sentirte feliz? Escucha cuidadosamente: “¡Cuán bella eres, amada mía! Cuán bella eres!” (Cantar de Cantares 1:15)

Dios te está diciendo: “Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador…. A cambio de ti entregaré hombres; a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. No temas, porque yo estoy contigo.” (Isaías 43:3-5) Cuando comenzamos a absorber este amor, empezamos a entender nuestra relación con Dios y nos vemos en una nueva luz. Las cosas se ven diferente cuando sabemos quiénes somos y a quién le pertenecemos. 

En medio de las tormentas de la vida y de nuestro comportamiento imperfecto, es fácil olvidar lo maravillosos que somos, por eso es importante recordar a menudo como nos ve Dios y permitirle moldearnos y cambiarnos: “Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero.” (Jeremías 18:6)

Dios quiere que sepamos que somos “Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios.” (1 Pedro 2:9)

No somos maravillosos porque seamos buenos, simpáticos, ricos o talentosos; somos maravillosos porque Dios nos creó a Su imagen, porque Su Hijo murió por nosotros y porque Su Espíritu Santo vive en nosotros. 

Por Manuelita