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Mi tribu

¿En qué estás invirtiendo?

manuelita otero

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En estas últimas semanas Ana me ha estado contando sobre su experiencia de hacer homeschooling con su hija Manu, de 5 años. Si hay algo que es seguro es que ser profesor de los hijos no es algo para personas débiles, porque requiere mucha disciplina, tiempo, esfuerzo, paciencia, energía, creatividad y otros atributos. Tantos, que sería difícil enumerarlos todos. Ella dice que la experiencia ha sido increíble, pero que exige preparación y dedicación continua, lo que implica un tiempo significativo. Ana aún tiene su trabajo y también dedica tiempo a Happily Imperfect, lo que puede hacerla sentir agobiada. Pero ella sabe que está haciendo una inversión. Y una bastante sabia: ella está invirtiendo en su hija.  

Tenemos valiosos activos como dinero, tiempo y talento. Cada día que pasa decidimos si los vamos a invertir o simplemente los vamos a gastar. Invertirlos requiere investigación, planeación y paciencia, porque la mayoría del tiempo no vemos el retorno de nuestra inversión de manera inmediata, sino varios años después. Pero si hacemos bien la tarea e invertimos en las cosas correctas, disfrutaremos de grandes resultados y estaremos felices de haber hecho lo que hicimos. Entonces, la pregunta es: ¿en quién estás invirtiendo? Porque las inversiones no son sólo cuestión de plata. De hecho, las inversiones más importantes que hacemos no tienen nada que ver con dinero. Requieren tiempo -sin lugar a duda uno de nuestros activos más importantes-, que cuando lo invertimos en personas, es con seguridad una inversión a largo plazo. Puede que ahorita estés invirtiendo en ti, estudiando hasta tarde después de un día de trabajo para avanzar en tu carrera, o puede que estés invirtiendo en una amiga, ayudándole en algo importante para ella, o puede que estés invirtiendo en una persona que está pasando por un momento difícil o de pronto, como Ana, estás invirtiendo en tus hijos

Lo más complicado sobre las inversiones es que a veces no sabemos si van a valer la pena y vamos a ver el retorno. Puede que iniciemos una inversión con mucha emoción, pero el camino es largo y el compromiso a veces duele. Puede que tengas dudas a lo largo del viaje y puede que te preocupe pensar que no vas a poder continuar con la inversión. Pero una vez llega la hora de recoger los frutos, olvidas las dificultades y te alegras mucho de no haberte dado por vencida. Ana sabe esto, pero nunca sobra que alguien nos recuerde que en un futuro disfrutaremos de nuestra inversión. A menudo le digo que todo lo que está haciendo ahora sí importa, que es algo más grande de lo que ella puede imaginar; no sólo porque está creando preciosos recuerdos con su hija, sino también porque está creando unas bases muy fuertes para tener una relación que podrá contra la prueba del tiempo. ¿Por qué digo esto con certeza? Porque he estado ahí, justo en ese lugar. He invertido durante años mucho tiempo y esfuerzo en mis dos hijos. Toda mi vida he depositado y ahora estoy recibiendo no sólo el doble o el triple de mi inversión. Incluso, honestamente, no podría decir un número, porque el retorno de mi inversión, de verdad, no tiene precio. Los largos viajes por carretera a torneos de tenis, las cientos de horas esperando en audiciones, el ir y venir de clases y de entrenamientos, las largas charlas, las recogidas después de fiestas a media noche, todo eso vale la pena. Veo a mis hijos ahora y estoy tan agradecida de quienes son y en quienes se han convertido. No son perfectos, pero son jóvenes que quieren marcar una diferencia positiva en todo lugar al que van. 

Pregúntate a menudo, “¿En quién estoy invirtiendo?”

Manuelita
 

The Crystal Quilt

manuelita otero

Hace poco mi hija y yo visitamos Dinamarca y uno de nuestros momentos favoritos fue montar bicicleta por toda la ciudad. Nos divertimos muchísimo y fue algo diferente porque hace años no lo hacíamos. Nos encantó la oportunidad de estar al aire libre, ver a la gente caminar, disfrutar el clima y al mismo tiempo hacer ejercicio. No sólo fueron todos los lugares que visitamos lo que hizo de este viaje algo increíble, también fue el tiempo que pasamos con Margarita, una tía muy especial. Ella nos llevó por toda la ciudad sin quejarse y sin parar. Su actitud, paciencia y la sabiduría que compartió con nosotras durante el viaje fueron regalos increíbles. ¿Mencioné que Margarita tiene un poco más de 70 años? Por eso cuando ví en el museo Tate Modern en Londres una pieza de arte llamada The Crystal Quilt inmediatamente pensé en ella.

En el día de la madre, en mayo 10 de 1987, 430 mujeres mayores de 60 años se reunieron para ser parte de The Crystal Quilt, que fue la culminación de un proyecto llamado Whisper Minnesota, una obra de arte pública que se creó con el propósito de empoderar a mujeres mayores. La artista Suzanne Lacy, junto con la colaboración de Phyllis Jane Rose, Miriam Schapiro, Nancy Dennis y Susan Stone, trabajó durante largo tiempo con varias mujeres que fueron entrevistadas. La artista quería impactar a la comunidad hablando acerca de la invisibilidad que muchas mujeres mayores a veces sufren.  

Durante la presentación de The Crystal Quilt las mujeres se vistieron de negro y se sentaron de forma organizada donde entablaron conversaciones con las compañeras que estaban compartiendo la mesa. Cada quince minutos un sonido les avisaba que debían cambiar la posición de las manos lo cual daba la impresión de que eran puntadas en un edredón.

A medida que leía sobre esta obra de arte, escuchaba las conversaciones grabadas, miraba las fotos y observaba el video; recordé la importancia que tienen las mujeres mayores en nuestra vida: su sabiduría, conocimiento y todo lo que contribuyen a nuestra sociedad es muy valioso. Me alegra que la obra de arte no haya sido una pieza estática sino un proyecto que duró tres años e involucró a muchas mujeres. Fue más allá de las paredes de un museo e impactó la vida de varias personas y, lo mejor, aún lo está haciendo pues cuando yo lo vi, reflexioné un rato y me dieron ganas de compartirlo y de hacer algo al respecto.

Tú tienes la edad que sientes. La actitud, la bondad y el carácter son más importantes que un número, así que es interesante que veamos a mujeres que han vivido más que nosotras como una fuente de apoyo, sabiduría y calor humano; mujeres con las que vale mucho la pena compartir tiempo. Debemos recordar que ellas aportan y quieren seguir aportando a nuestra sociedad más de lo que muchas de nosotras podamos imaginar.

Manuelita @manuelitaotero

¿Viajas con niños? Que sea una gran experiencia, depende de ti

manuelita otero

¿Conoces a alguien que no se emocione con la palabra “vacaciones”? Casi siempre que se habla de viajar la gente sonríe, se entusiasma, se pone de buen genio, unos incluso gritan de emoción y otros terminan suspirando profundamente. Comenzando, este suspiro parece una expresión sólo de felicidad y alivio. Luego, es un suspiro lleno de expectativa y, finalmente, ese suspiro también tiene algo de preocupación. ¿De dónde viene esa preocupación en un panorama que sólo pareciera tener diversión, descanso y aventura? La respuesta, creemos, es sencilla: viene de la ansiedad y del deseo de querer tener unas vacaciones perfectas, así sepamos que eso es poco probable que ocurra.

¿Qué pasa cuando en esa idea de viaje perfecto nos acompañan niños? Hay todo tipo de familias: gente que se emociona y disfruta del viaje a pesar de que viajar con niños sea algo que les exija un poco más de planeación; familias que se estresan más de la cuenta pensando en cómo hacer para que sus hijos se “porten a la altura”; mamás que están acostumbradas y no le ponen “mayor misterio” al asunto y, lo mejor, personas que no sólo aprecian sino que además agradecen todas las ventajas de viajar con niños. Agradecen su espontaneidad, su alegría, su frescura, su energía y su curiosa manera de ver las cosas. Queremos recordarle a mamás, papás, tíos, tías, abuelos y abuelas que: Viajar + vacaciones + niños = ¡Magia y diversión!
Lo más probable es que no sean unas vacaciones perfectas y sí van a requerir planeación adicional, pero vale la pena. Aquí van algunos tips para disfrutar al máximo la compañía de los niños: 

  • Analiza tus expectativas. No podemos esperar que los niños se comporten como adultos porque no lo son. 

  • Disfruta la compañía de los niños y de su espontaneidad. Trata de ver las cosas según su perspectiva. 

  • Toma esta oportunidad para enseñarle a tus hijos a que sean flexibles. A veces las cosas simplemente no salen como las habíamos planeado. 

  • Enséñale a tus hijos a ser buenos viajeros, a respetar otras culturas, a desconectarse un poco de tanta tecnología, a visitar museos y a ir con la corriente. No podemos esperar comportamientos en vacaciones que no han sido desarrollados en la casa. 

  • Un plan es solo una guía y no se puede seguir a la perfección. Los recuerdos no pueden ser planeados, hay que dejar suficiente espacio para la espontaneidad, se flexible y disfruta. 

  • Recuerda que no tienes que viajar miles de kilómetros para descubrir nuevos lugares y vivir nuevas experiencias. Comienza con tu ciudad. Visita museos con tus niños, aunque ellos estén pequeños. Ve a lugares turísticos y también a los menos conocidos. Toma caminatas en familia, cocina con diferentes ingredientes.

  • Cuando coman por fuera no ordenes el menú para niños, mejor invítalos a que pidan algo diferente. Desde pequeños enséñales a comer de todo, puede que sea más fácil decirlo que hacerlo, pero te lo agradecerán en el futuro.

Pero lo más importante de  todo es que no esperes a que tus hijos sean grandes para viajar con ellos si puedes hacerlo antes. Viajar juntos es una oportunidad para crear lazos fuertes y compartir lindos recuerdos. Aprende de tus hijos a vivir el momento, a disfrutar de los pequeños detalles y a observar mejor a tu alrededor. Convierte los viajes en una tradición familiar que se mantenga por generaciones.  
 
Ana + Manuelita

Pd: Te recomendamos nuestro especial con muchos más tips para lograr que la experiencia de viajar con niños sea maravillosa.
 

¿Qué ves?

manuelita otero

Solía pensar que una “buena” mamá  era aquella que se enfocaba primero en sus hijos, estaba siempre con una sonrisa, cocinaba todas las noches y prácticamente no cometía errores. Siendo la perfeccionista que soy, quería chulear en mi vida cada una de esas cosas que según mi opinión definía a una “buena mamá”. La verdad no sé de dónde salieron esos estándares, lo único que sí sé es que senti que ser mamá estaba siendo algo agotador que implicaba vivir bajo mucha presión. Mi corazón estaba en el lugar correcto, estaba feliz de compartir mi vida con mis hijos, pero mi percepción de ser “buena mamá” estaba basada en algo inalcanzable. 

Percepción es como vemos nuestro entorno y reaccionamos a lo que pasa en él. No es simplemente obtener información por medio de nuestros sentidos; es mucho más. Incluye nuestro pasado, nuestras creencias y nuestras experiencias. La percepción se basa en la realidad o puede venir de una idea que hemos creado en nuestra mente. Es real para nosotros y afecta nuestras actividades diarias. 

Ilusión es una percepción falsa. En mi caso tenía la ilusión de ser la mamá perfecta y creé  unas expectativas que no podían ser alcanzadas y eso me hacía sentir como una fracasada. Me pregunto, ¿por qué nos hacemos daño a nosotras mismas poniendo estándares imposibles? ¿Por qué definimos objetivos inalcanzables para “motivarnos” cuando al final solo nos hacen sentir insuficientes? ¿Por qué nos herimos de esta manera? Nos estamos afectando no solo a nosotras mismas, sino también a quienes más queremos y que están a nuestro alrededor.

Toma un momento para cuidadosamente mirarte, mirar tu vida. ¿Qué ves? Sé honesta. ¿Ves cosas buenas? ¿Estás siendo positiva contigo misma o varios comentarios negativos están apareciendo? Muchas veces no tomamos el tiempo para analizar por qué pensamos como pensamos. ¿Que está definiendo tu percepción de la vida? ¿Podría ser también la ilusión de la mamá perfecta?

Tu percepción no va a cambiar de la noche a la mañana, pero prestando atención a lo que está dando forma a tus decisiones es un buen lugar para comenzar. Muchas de las cosas en las que crees vienen desde tu niñez y las has escuchado año tras año, así que ten paciencia, sé persistente y disfruta el proceso de analizar cómo tomas tus decisiones y si quieres cambiar algo de ese proceso como mamá. Toma tiempo para descubrir y definir tus valores, tus prioridades, y lo que de verdad vale para ti y tu familia. 

En cuanto a mí y mi ilusión de la mamá perfecta… muchas cosas tuvieron que sucederme para darme cuenta de lo que me estaba haciendo a mí misma. No fue nada divertido vivirlo, pero sirvió. Ahora sé que para ser una buena mamá no tengo que seguir ciertas reglas. Cuando mi percepción cambió, tuve la libertad de ser la mejor mamá que puedo ser, con imperfecciones y todo. 

Manuelita 

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Rosado con gris

manuelita otero

A pesar de que nunca he sido fan número 1 del color rosado, siempre me ha gustado cómo combina con gris. Siento que es una mezcla armoniosa que además genera un gran contraste. Pues bien, últimamente he estado pensando mucho en esta paleta de colores, que suele ser común en la ropa y juguetes de los niños, porque quiero volverla un patrón en mi vida. Y no me refiero precisamente a usarla en cosas físicas, sino a tenerla presente en la crianza de mi chiquita.

El año pasado creo que viví una de esas “PRIMIPARADAS” (sí, así en mayúsculas) que nos pasan a las mamás primerizas, valga la redundancia. Dediqué más de dos meses -siendo un poco intensa la verdad-, a preparar a mi hija de 4 años para su entrada al colegio grande. Casi que a diario, por medio de cuentos, juegos y charlas, le hacía una lista de todas las cosas chéveres y maravillosas que se iba a encontrar e iba a vivir en el “cole grande” porque, como toda mamá (creo), soñaba con que el primer día del colegio de mi hija fuera uno de los más felices e importantes de su vida. Soñaba con que el cambio fuera “natural”, fácil y sin traumas. Que no llorara, que se fuera tranquila, que hiciera nuevos amigos, que pidiera ayuda cuando la necesitara, que no se perdiera, etc., etc., etc.

Yo estaba convencida de haber hecho un trabajo casi perfecto porque Manü jugó feliz por tres semanas seguidas al “colegio grande”. En las vacaciones, justo antes de entrar, los peluches y las barbies se convirtieron en Paula, Juan, Laura, Sofía; Mateo y la nueva profe. En mi opinión, ella, durantes esas semanas, había logrado entender que se venía un cambio feliz en su vida, con amigos nuevos, profe nueva y cosas llenas de alegría. Así que yo, muy orgullosa, decía: “Estamos más que listas”.

Con todo este preámbulo que hicimos, debo reconocer que el primer día efectivamente fue un gran primer día. Estuvo relajada, poco tímida y segura del terreno que estaba pisando. Incluso esa fue su actitud las primeras semanas. Pero, como casi todo en la vida, el tiempo es el que va mostrando con más profundidad cómo es que en realidad vivimos y afrontamos los cambios. Con esto no quiero decir que la esté pasando mal en el cole. De hecho, para nada, pero sí quiero admitir que yo le hubiera podido facilitar mucho más las cosas si en toda la antesala que hice para dar el paso del jardín al colegio le hubiera combinado “rosado con gris”. Pasé por alto, por ejemplo, contarle que así hubiera días en los que ella no quisiera ir a estudiar por sueño o pereza, igual tendría que hacerlo porque esa era su nueva responsabilidad. Olvidé mencionarle que no todos los nuevos compañeros de su salón tenían que ser sus amigos, que era normal que no le gustaran todas las clases, que de pronto algún día se podía enfermar estando allá o que tal vez en algún momento alguien le iba decir algo feo sin ella merecerlo y que los recorridos en el bus del colegio, al menos en Bogotá, a veces parecen eternos.

Aunque suelo ser muy analítica, por algún motivo no hice lo que era obvio: contarle a mi hija que seguramente también iban a pasar cosas que no serían ni tan divertidas ni tan chéveres. Claro, es una gran idea y un impulso natural que cuando hay un cambio importante, les digamos a nuestros hijos todo lo lindo, bueno y positivo que puede venir con eso; pero seamos honestos, el gris hace parte de la vida y es importante que ellos desde chiquitos lo sepan. Muchas veces es necesario que escuchen el cuento completo. Y qué mejor que sea con nuestra guía.  

Ahora, cuando pienso en este tema, de prepararnos ante los cambios, concluyo que tan sólo se requieren cosas sencillas, como hacer una lista de lo no tan maravilloso, hablar con otras mamás de sus experiencias o preguntarle a mi hija cómo cree que sería su reacción ante ciertas situaciones reales, no tan perfectas. Tras unos cuantos meses de “cole grande” veo con claridad que es necesario preparar mejor a mi chiquita para que enfrente y disfrute un mundo en el que sencillamente no todo es color de rosa.

Ana


¿Y si las relaciones no son tan complicadas después de todo?

manuelita otero

¿Alguna vez te has preguntado por qué las relaciones personales parecieran ser tan complicadas? Se trate de las personas cercanas a ti o de un extraño en una fila, a veces es de verdad difícil. ¿Te has preguntado cuál es el secreto para tener buenas relaciones? Personalmente, no creo que exista “un secreto”, creo que en realidad muchas cosas ayudan a que las relaciones personales funcionen mejor.

Mis hijos ya crecieron; ahora mi hija tiene novio y mi hijo novia y -la verdad- quisiera poder enseñarles lo que yo he aprendido con mi experiencia y así poder evitar que sufran. Quisiera que existiera una lista fácil y clara de cosas para “hacer y no hacer” cuando de relaciones se trata, pero así no es como funciona. Somos individuos complejos y nos hallamos a menudo en situaciones en las que en vez de listas ya hechas, necesitamos es carácter y perseverancia. Los tips, las guías y los consejos son maravillosos y ayudan, pero llegan solo hasta cierto punto. Creo que lo que necesitamos es enseñarle a nuestros hijos herramientas para conocerse y saber quiénes son para que, así, puedan entrar a todo tipo de relaciones con seguridad y confianza en sí mismos.

¿Por qué creo que la confianza en uno mismo es la clave? Porque es difícil para una persona con baja autoestima tener una relación sana -y lo digo por experiencia-. Una persona con poca seguridad en sí misma frecuentemente siente miedo de ser juzgada y, a menudo, siente que no es suficientemente buena persona o no tiene las habilidades para hacer una cosa u otra.  Yo era esa persona. Yo creía y aparentaba estar bien, pero al más pequeño comentario me molestaba y, de un momento a otro, esa situación podía convertirse en algo mucho más grande y complicado de resolver. Tener que enfrentar mi baja autoestima fue un proceso difícil porque sentía que tenía que tener mi vida perfectamente organizada para mostrarle a todo el mundo que yo era fuerte.  No quería ser ni verme vulnerable, pero finalmente me di cuenta que aceptando mis “debilidades”, me hago más fuerte. Reconocer la forma en cómo me sentía -y me siento- frente a ciertas cosas y compartiendo mis sentimientos con otras personas fue algo de gran ayuda para tenerme confianza.

En las relaciones personales, la confianza en ti misma te ayuda a:

  • Decir lo que sientes y sentir lo que dices. Y a darle la misma libertad a quienes están a tu alrededor. Haz tu vida más simple siendo honesta.

  • Escuchar las opiniones de otros sin la necesidad de defender siempre las tuyas. Toma lo bueno y deja ir lo que no te sirva o te aporte. Todos tenemos el derecho a tener nuestra propia  opinión. Y recuerda que no todo el mundo tiene que estar de acuerdo contigo

  • Hacer tu vida más fácil al no tomarte cada pequeña cosa como algo personal en contra tuya.

  • Disfrutar de la persona que eres y a dar lo mejor en cada relación. Tú eres única y valiosa. Tú puedes compartir algo especial con cada persona con la que te encuentras. Tú puedes hacer la diferencia en la vida de otras personas, simplemente siendo tú.

No conozco la fórmula “mágica” para mantener relaciones personales felices y llevaderas. De hecho, honestamente, creo que no existe, pero saber quién  eres y sentirte bien con ello hace una gran diferencia.

 Yo les digo a mis hijos que antes de que puedan tener relaciones sanas con alguien, ellos necesitan tener una buena relación consigo mismos. Entre más se conozcan a sí mismos, más seguros podrán ser. Entonces, supongo que, las relaciones no son tan complicadas después de todo. ¡Ámate primero para luego sí amar a los demás!

Manuelita

¡Ni egoísta, ni mala mamá!

manuelita otero

Ser mamá es es una de las cosas más lindas del mundo, pero a veces se nos olvida que nuestros bebés van a crecer, se convertirán en adultos y tendrán su propia vida, usualmente más pronto de lo que quisiéramos.

Cuando nos convertimos en mamás y alzamos por primera vez a nuestro bebé, algo maravilloso sucede y  de repente nuestras prioridades cambian. Por lo general, sólo queremos proteger a nuestro hijo o hija, verlos felices y, en muchos casos, hay mujeres que les dedican completamente su vida, olvidándose de ellas mismas. Quiero ser clara: nuestros hijos siempre nos van a necesitar, no importa la edad, y algunas etapas requieren más dedicación que otras, pero a medida que van creciendo a veces continuamos poniendo nuestras necesidades y aspiraciones a un lado, concentrando toda nuestra energía en ellos, lo que no resulta ser bueno para nadie. No podemos olvidarnos de nosotras. Somos mamás, ¡sí!, pero también somos personas con una identidad independiente de la de nuestros hijos, con intereses personales, hobbies, antojos y sueños por cumplir. Así que querer dedicarnos tiempo no nos hace egoístas o malas mamás.

Es increíble lo inteligentes que son nuestros hijos y entienden mucho más de lo que creemos, pero a veces nosotros decidimos por ellos sin siquiera darles la oportunidad de demostrarnos lo pilos que son. Si de pronto tomamos tiempo para explicarles lo importante que es tener un rato a solas durante el día y si, además, planeamos las cosas para poder tomarnos ese tiempo, nuestros hijos, incluso los más pequeños, serán nuestros más grandes motivadores.

Si quieres un espacio y un tiempo solo para ti, las siguientes ideas pueden ser de gran ayuda:

Rutina Puede que esta palabra no suena tan emocionante, pero para los niños la rutina es más que una buena idea. Es necesaria porque les ayuda a vivir en un ambiente organizado, que les da cierto sentido de seguridad. Si logramos tomar nuestro tiempo personal cada día a la misma hora, de pronto será más fácil para nuestros hijos aceptarlo y adaptarse.

Hazlos parte del equipo – Explícale a tus hijos tu objetivo, diles lo mucho que significa para ti tener tu tiempo y tu espacio. Inventen juntos un nombre para el tiempo de mamá. Incluso, algunas veces, pídeles que te den ideas de lo que puedes hacer durante tu tiempo de relajación. Claro, al final tú decides, pero ellos seguramente se sentirán felices de ser parte de algo importante para ti. También puede ser útil definir con tus hijos qué van a hacer ellos mientras tú tomas tu tiempo. Tal vez una tarea, un proyecto personal, algo que los entretenga o algo que puedan luego compartir contigo.

Reglas – Muchas veces asumimos que nuestros hijos saben lo que esperamos de ellos, cuando en realidad puede que no sea así. Es buena idea explicarles lo que el tiempo personal, o a solas, significa para ti y lo importante que es. Notarás que una vez anuncies que vas a tomar tu tiempo, tus hijos -no importa su edad- van a necesitar mil cosas de ti y, seguramente, tú querrás interrumpir lo que estás haciendo para ayudarlos, pero todo esto es un proceso y seguro que la calidad de tu tiempo a solas mejorará con la práctica. Si eres constante y respetas tu espacio, ellos poco a poco entenderán las reglas de ese “sagrado espacio”.

Regocijo  – La vida es para celebrar los eventos grandes y también los pequeños. Después de tu tiempo a solas, comparte cuando sea posible un rato extra especial con tus hijos o cuando termines algo en lo que has estado trabajando, compártelo con tu familia.

Sabemos que cada minuto con nuestros hijos es precioso. Sin embargo, para disfrutar mejor el tiempo con ellos necesitamos también relajarnos y tener tiempo a solas.  Es positivo, saludable y necesario para las mamás sacar un rato cada día para consentirse, hacer algo que disfruten o simplemente para no hacer nada. De esta forma le estamos demostrando a nuestros hijos lo importante que es tomar tiempo para disfrutar quienes somos, para hacer lo que nos gusta hacer y también les estamos enseñando que es importante tener en cuenta las necesidades de los demás.

Prepárate para disfrutar tiempo con tus hijos y tiempo a solas, ¡es un gana-gana para toda la familia!

Manuelita

El sabor de la victoria no siempre es dulce

manuelita otero

¿Alguna vez has estado en una discusión con alguien sobre algo aparentemente pequeño e insignificante y de repente la discusión se sale de control y se convierte en algo más grande de lo que podrías imaginar? Cuando esto ocurre, de un momento a otro estás discutiendo sobre cosas que no tienen nada que ver con lo inicial.  Entonces explotas y después dejas de hablar con la otra persona.  Sientes furia, dolor y confusión acerca de lo que acaba de suceder.

The Free Dictionary define una discusión como una situación en la que las partes involucradas expresan desacuerdo mutuo. Es poco realista que siempre estemos de acuerdo con las personas a nuestro alrededor, especialmente con las más cercanas. Las discusiones no son necesariamente algo malo porque son parte de la vida.  El problema es que a menudo no sabemos cómo discutir.

Si de verdad quieres a las personas con quien discutes, seguramente quieres aprender cómo convertir las discusiones en oportunidades para conocerte mejor y entender mejor a otros. Esto puede ser un buen comienzo:

-Las palabras importan: Hay una diferencia importante entre decirle a alguien “eres perezoso” o decirle  “no recogiste la ropa”.  La primera frase es un ataque directo a la persona y si alguien te ataca, lo más seguro es que te vas a defender y seguramente a contra atacar. La segunda frase, en cambio, describe la situación o el evento que inició la discusión. Así que es mejor irse por el segundo camino.

-Todo o nada son palabras que no funcionan: En una discusión palabras como “nunca o siempre”  por lo general llevan a una discusión más fuerte. La mayoría de las veces no son ciertas y están impulsadas por sentimientos personales que puede que no estén relacionados con la causa real de la discusión o las decimos por la rabia del momento; lo cierto es que aparecen a menudo y por eso es mejor tratar de evitarlas para no hacer generalizaciones que puedan ser hirientes.

- Pausa: Muchas veces, en medio de una discusión, los sentimientos del momento puede que te hagan decir cosas muy ofensivas. Una vez una palabra sale es imposible hacer que regrese, el daño está hecho y no hay nada que hacer. Conócete lo suficientemente bien para darte cuenta cuando necesitas unos minutos para calmarte. Así puedes evitar problemas graves causados por el enojo.

- ¿Ganar?: Lo más probable es que cuando discutes quieras ganar, quieras estar en lo correcto y puede que hagas cosas que no están del todo bien para lograr esa “dulce” victoria, pero  ¿vale la pena? ¿estás dispuesta a herir a alguien a quien quieres solo para “tener la razón”?

- Ve más allá: Si algo te está molestando demasiado o está apareciendo a menudo en tus discusiones, entonces necesitas encontrar la raíz del problema, los motivos reales de lo que te está molestando.

- El juego de la espera: Esperando que las cosas se mejoren solas con el tiempo, que se calmen y que la relación regrese a “la normalidad” sin pedir perdón o sin hacer un análisis de lo que sucedió es una invitación directa a que sucedan una y otra vez. No esperes demasiado para decir “lo siento”. No dejes que el orgullo se atraviese en el camino, y luego sea demasiado tarde.

- Pelea de manera justa: No digas cosas con la intención de herir a otra persona. No digas mentiras ni agrandes la verdad. No manipules ni uses información que sabes que hace sentir a la otra persona muy vulnerable.

Debes estar pensando que todo esto tiene sentido, pero también debes saber por tu propia experiencia que cuando comienzas una discusión seguramente no vas a recordar si quiera algo de esto.  Puede que tome varias discusiones e incluso tengas que “morderte la lengua” en más de una ocasión para evitar decir lo que no quieres y lastimar a los demás. Lo bueno es que puedes hablar con esa otra persona con la que a menudo discutes para acordar -antes de que comience la siguiente “pelea”- discutir inteligentemente, respetar ciertas reglas y ayudarse mutuamente a reconocer ciertas cosas que no están bien y que cada uno hace en medio de una discusión acalorada. Sé más inteligente que una discusión y acuerda poder estar en desacuerdo.

Manuelita

¿En problemas?

manuelita otero

El otro día mis hijos y yo tuvimos que enfrentar noticias difíciles, esas que te desaniman y te roban la esperanza en segundos. De repente nos sentimos desanimados y agotados, ninguno de nosotros se atrevía a expresar lo que estaba sintiendo así que decidimos tomar un tiempo a solas para tratar de procesar lo que habíamos acabado de escuchar.

Cuando mis hijos están tristes mi deseo inmediato es abrazarlos y decirles que todo va a estar bien, pero con el tiempo he aprendido que tanto los niños como los adultos necesitamos darnos el permiso de sentir diferentes emociones, incluidas la tristeza y la frustración. Esto no quiere decir que tenemos que permitir que las emociones definan o controlen nuestras acciones, pero sí significa que estas son reales y que debemos reconocerlas para aprender a lidiar con ellas. Guiar y apoyar a nuestros hijos cuando enfrentan situaciones difíciles, es algo que les ayudará en el futuro cuando las tengan que afrontar solos. Aquí hay algunas ideas de cómo comenzar:

- Tiempo a solas y tiempo juntos: Como padres muchas veces asumimos que sabemos cómo se sienten nuestros hijos y rápidamente ofrecemos soluciones a sus problemas, pero no siempre lo sabemos y asumirlo es una falta de respeto hacia ellos. Darle la oportunidad a un niño de analizar sus emociones y de reconocer que está sintiendo es una gran herramienta para el futuro. Ellos no necesitan a alguien que les ofrezca una solución rápida, pero sí necesitan entender las razones por las que se sienten como se sienten y luego, sí, a una persona que los escuche y los guíe. Por esta razón es tan importante que tengan primero un corto tiempo a solas.

-Hablar: Los niños necesitan aprender a compartir sus sentimientos. Las relaciones se construyen a través del tiempo y crear un buen canal de comunicación puede que sea un proceso largo. Genera espacios en los que tus hijos se sientan libres de expresar sus sentimientos; mientras más pronto comiences, más fácil será hablar sobre cualquier tema.

-Sin juzgar: Una de las razones por las que los niños no comparten sus sentimientos es porque tienen miedo a ser juzgados. Tus hijos quieren tu aprobación y si les dices cosas como: “eso es algo muy tonto”, “eso no va a pasar”, “olvídalo ya y deja de preocuparte por todo” van a sentir que los estás juzgando y comenzarán a monitorear lo que comparten contigo.

- Y ahora qué: Una vez se hayan identificado las causas de los sentimientos de tus hijos, será más fácil definir qué cosas están bajo su control para cambiar lo que se pueda y qué cosas no pueden cambiar. Enfocarse en lo que sí pueden hacer y no perder su paz por cosas que no pueden controlar, les ayudará a dejar a un lado la preocupación.

-”Mírame”: Tus hijos te están mirando, especialmente mientras vives situaciones difíciles. Ellos, en la mayoría de los casos, harán lo que te ven hacer. Las acciones son poderosas así que practica lo que predicas. No tengas miedo de expresar lo que sientes, pero trata de tener una buena actitud.

En toda situación puedes crecer y de toda experiencia puedes aprender para el futuro, incluso puedes ayudar a otros mientras pasas por momentos difíciles de tu vida. Todo depende de cómo decidas enfrentarlos.

Después de tomar tiempo para reflexionar y compartir lo que estábamos sintiendo, mis hijos y yo tomamos la decisión de que haremos todo lo posible para ser parte de la solución del problema, pero pase lo que pase no vamos a dejar que el estrés nos ataque. Vamos a utilizar las malas noticias como una motivación para continuar con ánimo, manteniendo una actitud positiva porque así es como las historias interesantes se escriben y la nuestra será una de esas.  

Por Manuelita

Las pequeñas cosas puede que no sean tan pequeñas después de todo

manuelita otero

Hace unos años fuimos a Kota Kinabalu, una linda ciudad en Malasia. Vimos una cultura completamente diferente, playas preciosas y paisajes inolvidables, sin embargo, mi familia -por unanimidad- les diría que nuestro recuerdo favorito de ese viaje son nuestras "tardes de torta".

Nuestros niños estaban pequeños, así que, generalmente, después del almuerzo estábamos todos agotados: ellos de correr por todas partes y nosotros de correr detrás de ellos. Todas las tardes regresábamos al hotel y los cuatro dormíamos la siesta y después de ese merecido descanso íbamos muy felices a la pequeña pastelería del hotel en busca de la torta del día.

Desde el momento en que llegamos nos dimos cuenta de la gran variedad de tortas que tenían, y se veían todas tan ricas que en ese mismo instante decidimos que las íbamos a probar todas... y así fue. 

Un pedazo era grande y suficiente para los cuatro, así que todas las tardes durante nuestra estadía nos podían encontrar en el restaurante del lobby -cada uno con su tenedor, feliz esperando su turno-. Mientras disfrutábamos de la torta hablábamos sobre lo que habíamos hecho ese día, lo que más nos había gustado y lo que queríamos hacer en la tarde. Un recuerdo tan lindo disfrutando algo tan simple como un pedazo de torta en familia.  

A veces creemos que los mejores recuerdos van a ser los grandes eventos de nuestra vida, los viajes costosos o las fiestas elegantes, pero en realidad, son los pequeños detalles los que cuentan.  Piénsalo por un momento: ¿Cuál es tu recuerdo favorito? ¿En qué piensas y que te hace sonreír? ¿Cuál ha sido el mejor regalo que has recibido? Si eres una mamá o un papá de pronto todavía tienes los regalos que tus hijos te traían del colegio: pinturas que no podías descifrar, pero que te derretían el corazón; joyas, adornos o esculturas abstractas que, en mi caso, todavía decoran la sala. O, de pronto, tu mejor regalo fue algo especial que alguien hizo para conmemorar una fecha especial, o una flor cuando menos la esperabas, o una tarjeta en el correo, o una dulce nota en el espejo.

Los pequeños detalles no son tan pequeños después de todo, son recuerdos que nos recuerdan -valga la redundancia- que la vida es hermosa y que no tiene que ser tan complicada como a veces la hacemos. Los pequeños detalles son sutiles y fácilmente los dejamos de percibir cuando viajamos por la vida distraídos con el corre-corre diario. Separa tiempo cada día para esos pequeños detalles, nótalos a tu alrededor y haz que sucedan en la vida de las personas a quienes tanto quieres. Saca tiempo para cambiar vidas, para inspirar recuerdos y para disfrutar cada día como el regalo que realmente es.

Por Manuelita

Si hay algo que no puede esperar… es un perdón

manuelita otero

Creo que no soy a la única a la que le pasa que suele ser más “ruda” y “cansona” con su familia y amigos cercanos que con sus amigos o familiares que sólo ve de vez en cuando y, ocasionalmente, en fechas especiales. Es curioso, pero es como si las personas con las que más compartimos tiempo y camino en esta vida “adquirieran” (sin pedirlo) la “tarea” (sin merecerla) de aguantar cada una de nuestras pataletas, nuestro mal genio y, admitámoslo, incluso, las consecuencias de las cosas que hacemos impulsadas por malos sentimientos que de vez en cuando se asoman en nuestra vida para hacer de las suyas y dejar sus estragos.  

También, y por algún motivo que aún no tengo tan claro, las personas que más amamos son las que muchas veces más se demoran en escuchar de nuestra parte un “me equivoqué, lo siento” o un “de corazón te pido que me perdones…” Es como si creyéramos, así sea de manera inconsciente, que ellos deben darnos la garantía de que siempre nos van a perdonar nuestros errores, ofensas y embarradas. Es como si viviéramos convencidos de que - tarde que temprano- nos tienen que perdonar porque son nuestros esposos, amigos del alma, hermanos, padres o hijos.

Creo que, en parte, lo que sucede es que rara vez nos detenemos a pensar que el deterioro de una relación no radica necesariamente en la gravedad de las faltas sino en el largo tiempo que nos tomamos para pedir perdón con algo de humildad y franqueza, e incluso con alguna intención evidente de remediar el daño hecho.

Cuando nos ponemos en los zapatos de quien está esperando unas disculpas es cuando podemos sentir o entender el tedio y el sufrimiento que puede generar la espera de un perdón, porque es justo en ese tiempo en el que la mente hace de las suyas y echa, literalmente, a volar la imaginación más de la cuenta para inventarse mil y un motivos por los que nos ofendieron llevándonos, en el peor de los casos, a tomar decisiones irreversibles basadas en esos supuestos motivos, sin siquiera haber tenido la oportunidad de hablar con la persona en cuestión.

Esas interminables horas, o incluso días, en las que esperamos escuchar un “perdóname” (así este esté huérfano de explicación) son las que nuestra mente y corazón usan para alimentarse de la rabia y la tristeza, que nos da el preguntarnos “qué he hecho tan mal para no merecer ni siquiera un lo siento”. Es en ese tiempo de eterna espera donde las heridas empiezan a doler más porque precisamente existe el espacio para adornarlas con más dolor, o como se dice coloquial, pero ciertamente, echarle más sal a la herida.

Cuando de tu familia se trate, mejor no le des largas al valiente acto de pedir perdón. De pronto no es indispensable esperar a que aparezcan las palabras perfectas ni tampoco es necesario que te sobreactúes haciendo tremendo show con serenata, comida, chocolates y todo lo demás, o que escribas o hagas cosas que no te nacen y que, seguramente, ni te lucen. De pronto, todo lo que necesitan los que más te aman es escuchar lo más rápido posible un “lo siento” desde el fondo de tu corazón.

Por Ana



 

¿Estás tomando en serio los talentos de tus hijos?

manuelita otero

¿Te gustaría que tus hijos trabajaran en algo que disfruten de verdad cuando estén grandes? ¿No te parecería genial que cada mañana fueran felices a su trabajo porque están dedicando su tiempo a hacer lo que de verdad les gusta? 

Amar lo que hacemos es algo maravilloso y se lo podemos enseñar a nuestros hijos desde pequeños porque podemos ayudarles a reconocer sus fortalezas y los podemos guiar para que las aprovechen. Sin embargo, a veces no tomamos en serio sus talentos y fortalezas. Incluso, a veces les aconsejamos que inviertan su tiempo en otra cosa, en algo que los “beneficie” en el futuro. Al hacer esto podríamos estar impidiendo que descubran lo que aman y en lo que son buenos, solo por tratar de encajar en lo que la sociedad ha definido como “buenas” aptitudes para tener un “buen” trabajo.

Cuando terminé mi bachillerato y estaba tratando de definir qué estudiar, recuerdo que no conocía mis fortalezas y por esta razón escogí como carrera Economía Internacional. No me arrepiento porque he aprendido cosas interesantes y la educación que he recibido me ha abierto muchas puertas, pero realmente no me gustan las matemáticas. No me gustan los números, no me llevo bien con ellos y, además, no se me facilitan así que para poder sobresalir en mi carrera tuve que dedicar muchísimas horas a entender algo que no me gustaba lo que fue muy difícil para mí. ¿Por qué no escogí otra carrera? De pronto una en la que no me molestara trabajar duro en algo que disfrutara. Honestamente no me conocía lo suficientemente bien y quería que mis papás estuvieran orgullosos de mí. 

Esta fue una gran lección para mi vida: Por eso ahora soy la primera en apoyar a mis hijos en las carreras que están escogiendo que son algo supuestamente “fuera de lo común”. Mi hija quiere ser actriz, cantante y empresaria. Mi hijo sueña con ser un tenista profesional.  Veo sus talentos y su esfuerzo tratando de lograr algo grande en lo que de verdad les apasiona. Soy su fan más grande, hago lo que está en mis manos como mamá y como guía para que ellos alcancen sus sueños aprovechando sus fortalezas. ¿Serán ricos y famosos? No sé y realmente no importa mucho, con tal de que disfruten su trabajo. Obvio, deben ser realistas y tener ideas claras para cubrir sus gastos y hacer dinero, pero quiero que sean creativos y que encuentren formas para lograrlo utilizando los talentos que han recibido.  

Como padres, podemos conocer a nuestros hijos mejor que nadie y por eso somos los primeros que podemos ayudarles a descubrir sus fortalezas. Aquí van algunas ideas para hacerlo:  

-Escucha a tu hijo. Escucha su emoción mientras discute ciertos temas y comparte las cosas que ha hecho.

-Graba momentos especiales en los que notas sus fortalezas en acción. Les gustará poder verse cuando sean más grandes y de pronto haya imágenes que les ayuden a tomar decisiones. 

-No ataques sus ideas, no importa lo difícil que sea lograrlas. Escúchalos y apóyalos en lo que sea posible.  

-Déjalos ser niños. Muchas veces nuestra mente de adultos frena a nuestros hijos y no dejamos volar su imaginación.

-Anima a que piensen de forma creativa. Invita a tus hijos a que participen en cosas diferentes desde pequeños para que así puedan descubrir sus talentos.

Disfruta los talentos de tus hijos y se parte activa de su mundo. Aunque no nos demos cuenta, nuestros hijos, sin importar su edad, quieren que sus papás estén orgullosos de ellos, así que quédate a su lado a medida que viajan por la vida ayudándolos a desarrollar sus talentos, disfrutando todo lo bueno de las personas que son y compartiendo lo que han recibido.

Por Manuelita

Que la vida no se nos vaya siendo una copia

manuelita otero

Como no hay personas perfectas, tampoco hay familias perfectas. Como sí hay personas únicas, también hay familias únicas. Y así algunas veces lo ignoremos, ahí radica gran parte de la gracia de la vida: en la diversidad, en la diferencia, en la autenticidad… no en la lejana perfección o la aburrida copia.

¿No te ha pasado alguna vez que cuando visitas una casa o sales por un buen rato con una familia y la conoces de cerca descubres características especiales y únicas que son difíciles de describir?  No me refiero a lograr poner un adjetivo o etiqueta a la ligera para lograr describirlas, porque eso sí que es fácil: “Ay, es que los Pérez son muy raros”; “los Molano, alegres”; “los Pinzón, muy cansones”; y así sucesivamente, como si cada persona de la familia cupiera en la misma palabra. Me refiero a poder describir con precisión qué es lo que hace a una familia que sea esa familia y no otra.

Esas descripciones son muy difíciles de hacer y toman tiempo, porque no dudo que parte de esa autenticidad familiar sólo se logra poco a poco y paso a paso. Es decir, se va construyendo.

Yo soy de las que sueña con darle “alas” -así suene a frase de cajón- a esa agradable sensación de sentirnos auténticos, únicos e importantes en el mundo. Y como buen sueño que se respete, termina por quitarme el sueño. Así que me puse en la tarea de tratar de pensar y encontrar qué es eso que pueda hacer sentir libre a cada persona de mi familia para que no pierda su autenticidad y no se le vaya la vida tratando de ser una copia de alguien, o tratando todo el tiempo de agradar; porque la verdad es que tanto en el ámbito personal como en el familiar es muy fácil caer en la trampa de querer imitar e imitar innumerables veces los logros, los sueños y los estilos de otros.

Gracias a la experiencia y al instinto, finalmente encontré una de las claves que en mi familia encaja muy bien a la hora de no cortarnos las alas para poder volar con autenticidad: el hecho de entender que todos somos un proceso único y diferente, y que no podemos esperar hasta el final de la vida de cada quien para aplaudir, disfrutar y valorar sólo el resultado final. No. En nuestro caso el quid del asunto radica en entender que en el “paso a paso” de cada uno habrá algunos pasos mejores que otros. También habrá pasos errados de los que uno no querrá ni acordarse; más importante aún, habrá otros que serán pequeños, pero no por eso menos valiosos. ¿Qué tanto más podría uno gozarse la vida si disfruta los pequeños avances… los propios y los ajenos?

En nuestro caso esto de verdad nos parece hasta mágico: elogiar cada logro, cada progreso. Es la forma que encontramos de no destruir nuestra autenticidad ni nuestra familia y de no obsesionarnos con la comparación hasta el triste punto de llevarla al hábito, porque cuando entendemos que tenemos nuestro propio ritmo, ¿qué importa el ritmo al que vayan los demás?

Puede que nunca logre describir a mi familia con las palabras ni las frases precisas, pero si logro gozarme la vida con ellos paso a paso, estoy segura que no me iré de este mundo sin saborear una buena parte de la felicidad.

Por Ana

 

Para dar no tienes que ir lejos

manuelita otero

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Gran parte de los mejores recuerdos que tenemos de viajar en familia no están relacionados con los lugares que visitamos, las cosas que hicimos o los hoteles en los que nos quedamos. Los mejores recuerdos están relacionados con el hecho de dar.

Dar durante unas vacaciones es todo un proceso: primero, hay que hacer los contactos para visitar orfanatos, hospitales, iglesias o cárceles. Después, hay que comprar o organizar en familia las cosas para llevar - es muy emocionante ver la alegría de tus hijos mientras hacen collares o tarjetas, empacan dulces o regalitos- y, por último, hay que organizar toda la logística una vez llegas a tu lugar de destino: el horario, el transporte, entre otras cosas.

Compartir un partido de fútbol con niños en un orfanato, leer cuentos con niños enfermos o simplemente compartir una sonrisa y una comida con alguien que realmente lo necesita, son algunas de las tantas cosas que podemos hacer. Dar durante los viajes no tiene precio y fácilmente se convierte en la parte favorita de las vacaciones.

Hay algo poderoso al dar. Hay tanta alegría cuando logramos que alguien sonría y cuando podemos ayudarle a personas que lo necesitan. ¿Significa esto que para poder dar necesitamos viajar a lugares exóticos y lejanos o ir en misiones especiales? Yo creo que muy dentro sabemos que para dar lo único que tenemos que hacer es abrir nuestro corazón y estar dispuestos. Una vez hacemos esto comenzamos a ver oportunidades en nuestro vecindario, nuestra ciudad, en el colegio de nuestros hijos y en nuestro lugar de trabajo.

Lo mejor es que para empezar no tenemos que ir muy lejos pues dar comienza en casa. Ahí es donde se establece un ambiente en el cual podemos dar mucho, pero también podemos recibir mucho. Como mamá puedo decir que muchas veces le mostramos a nuestros hijos que nosotras, mamás, damos constantemente, pero se nos olvida enseñarles que ellos también necesitan dar, y no solo a nosotros, sino a todos en casa. Muchas veces, sin darnos cuenta, le estamos enseñando a nuestros hijos que para que ellos den tienen que recibir, creándoles así una idea errónea de que son dueños del derecho de recibir sin hacer su parte. En algunos casos muchos niños no hacen nada en la casa, a menos de que se les dé algo a cambio cuando lo sano es que en una familia todos estén pendientes de las necesidades de los otros sin esperar recompensas por ello.

Mientras más damos, más fácil se vuelve el proceso de dar. Así que aquí hay una lista de ideas para hacerlo. Añade otras cosas y notarás cómo dar se convierte en una parte esencial de tu vida:

  • Da cumplidos honestos. ¿A quién no le gusta escuchar algo positivo? Te sorprenderá lo fácil que es hacer que alguien sonría.
  • Da ánimo en diferentes formas: notas, mensajes de texto, mails o tarjetas.
  • Da tiempo a alguna organización que trabaje en una causa en la que tú creas
  • Da amabilidad: saluda a extraños, da las gracias y sonríe a quienes te ofrecen un servicio.
  • Da amor a aquellos cercanos a ti. Se creativa. Hacer pequeñas sorpresas no toma mucho tiempo ni dinero.
  • Da a tu familia un descanso de la rutina y planea algo inesperado.
  • Da tu completa atención cuando hables o escuches a alguien.
  • Da detalles a quienes añaden valor a tu vida: galletas a la persona que te colabora en tu casa, un postre a los entrenadores de tus hijos o una nota a alguien que te ayudó de manera especial.
  • Da comida a una organización que esté ayudando a erradicar hambre en tu ciudad.
  • Da  tu tiempo para cuidar a los niños de una pareja que necesita salir sola.
  • Da el regalo de escuchar sin juzgar a alguien que esté en problemas.
  • Date un descanso y haz algo que te guste cada día.
  • Da experiencias, abre tu hogar a familia y amigos. Comparte risas, palabras y buena comida.

Cultivar un ambiente de dar toma tiempo y práctica, pero los efectos en tu familia y en nuestra sociedad harán que el reto valga la pena, terminan convirtiéndose en parte del legado que deseamos dejar.

 Por Manuelita

 

 

 

Del pasado, tú decides qué se queda y qué se va

manuelita otero

La vida es el resultado de experiencias y recuerdos que acumulamos a medida que pasan los días. Muchos de estos recuerdos son de nuestra infancia y aunque no conozcamos por completo su origen, el impacto -ya sea negativo o positivo- a veces dura toda una vida.

La mayoría de nuestros primeros recuerdos son con las personas más cercanas, usualmente nuestra familia. A veces una palabra positiva puede sembrar el deseo de salir adelante en un niño. Así mismo, una palabra negativa puede quedar grabada en su mente creando barreras y baja autoestima. Aunque no podemos cambiar lo que nos pasó cuando éramos pequeños, sí podemos hacer algo sobre lo que estamos sintiendo ahora. Podemos construir sobre lo positivo y dejar ir lo negativo.

¿Alguna vez te has puesto a pensar cómo tus recuerdos del pasado afectan tu día a día? Aunque solo veas una vez al año a ese familiar que te hirió u ofendió cuando eras pequeña y trates de ignorar sus comentarios para evitar confrontaciones, lo más probable es que te esté afectando. Debemos enfrentar situaciones difíciles porque cualquier cosa que dejemos de resolver aparecerá cuando menos lo esperamos. Y mientras más rápido, mejor. Acaso, ¿quién quiere caminar por la vida cargando peso innecesario que afecte sus relaciones personales?

Las siguientes son ideas que pueden ayudarnos a dejar a un lado esos sentimientos pesados que nos están robando paz y alegría:

- Disfruta el silencio: A veces nos mantenemos ocupados a propósito para que no tener tiempo en silencio y así evitamos pensar con calma en situaciones que nos duelen o molestan, pero tomando tiempo para analizar lo que nos está pasando no solo es importante sino necesario. ¿Cómo podemos arreglar algo si no sabemos lo que hay que arreglar? Toma tiempo para escribir lo que estás pensando. Este es el primer paso hacia la limpieza interna.

- Se honesta: Enfrentar recuerdos difíciles es complicado y doloroso, por eso muchas veces las personas preferimos hacer de todo menos eso. Cuando finalmente aceptamos que no somos perfectas y que nadie lo es podemos eliminar las barreras que hemos creado para fingir que tenemos todo bajo control. En ese momento es cuando comenzamos a ser honestas con nosotras mismas y con los demás.

- Evita el juego de la culpa: Culpar a alguien por nuestros problemas no va a hacer que las cosas mejoren, solo mantiene sentimientos muy pesados y no permite sanación real. Cuando alguien nos hiere profundamente nuestra reacción inicial es culparlos y hacerles sentir el mismo dolor, pero ese sentimiento de “justicia” no dura mucho. La sanación real ocurre cuando perdonamos, dejamos ir nuestra rabia y tomamos control de nuestra vida.

- Deja ir: De ser posible, es importante enfrentar a las personas que nos hirieron en el pasado dejándoles saber la forma como eso nos afecta. Esto sólo se puede hacer en el momento adecuado cuando ya hemos enfrentado los problemas internamente, así podemos hablar tranquilas para cerrar ese ciclo y poder seguir adelante. El pasado se va si lo dejamos ir. Aún tenemos el presente y nuestro futuro así que muchas veces no queremos dejar que el pasado se atraviese.  

- Paso a paso: Se paciente y dejar ir los sentimientos pesados poco a poco. Esto toma tiempo así que no esperemos desempacar todo lo innecesario de nuestra vida en unos pocos días. Será más fácil deshacernos de algunas cosas que de otras, pero enfrentándolas y definiendo estrategias que finalmente nos ayuden a salir de ellas es un paso gigante en la dirección correcta.

En todo este proceso, la verdad es que ayuda mucho recordar que nadie es perfecto, y que hay  personas nos hieren porque han sido heridas. Situaciones del pasado no tiene que definir nuestro futuro. Nosotras decidimos qué se queda y qué se va.

 Por Manuelita

 

 

 

¿Quieres hijos que disfruten el presente?

manuelita otero

Recuerdo nuestras mañanas. Usualmente, cuando mis hijos estaban más pequeños, me levantaba más tarde de lo planeado pues me había acostado mucho más tarde de lo que quería. Entonces al darme cuenta de la hora saltaba de la cama y comenzaba a gritar para despertar a todo el mundo. Apuraba a mis hijos diciéndoles que hicieran diez cosas a la vez para que no perdieran el bus. Después de despertarlos de esa forma, ellos se ponían de un genio terrible y el ambiente para desayunar se ponía de verdad muy tenso porque tenían que hacerlo a las carreras, y yo no tenía ni un segundo para sentarme con ellos a acompañarlos pues tenía que alistar los almuerzos de llevar y, de paso, me ponía a lavar los platos.

Muchas veces ya habíamos discutido o estábamos en medio de una discusión mientras corríamos hacia el bus. Ya estando mis hijos en el bus, me sentía culpable por la forma como había salido todo y deseaba que todo hubiera sido diferente, pero al otro día repetíamos la misma historia.  Las cosas son diferentes ahora.  Nos sentamos a desayunar juntos y hablamos sobre los planes del día -vivimos el momento-. Ayuda mucho el hecho de que mis hijos estén estudiando on line porque no hay prisa para tomar el bus, pero más que eso, en realidad es que mi actitud ha cambiado. Un día observé con detenimiento lo rápido que mis hijos estaban creciendo y como pronto saldrían de la casa y comenzarían una nueva etapa en sus vidas. Entonces, caí en cuenta de que no quería perder la oportunidad de compartir este momento con ellos, así que decidí que no iba a dejar que las carreras de la vida me impidieran de disfrutar el presente con mis hijos.

Escuchamos bellas frases sobre vivir el momento y apreciar lo que tenemos y muchas veces estamos de acuerdo y hasta nos gustaría ponerlas en práctica en nuestra vida, pero luego debemos enfrentar la realidad y esos dichos parecen muy lejanos. Todo esto me pone a pensar en una frase que escuché varias veces en mis clases de economía: “ceteris paribus” que significa “permaneciendo el resto constante” y en la vida nunca las variables o cosas que determinan una situación se mantienen constantes o de la misma manera. Hay factores que sencillamente afectan nuestros planes y los votan por la ventana y, así, se hace difícil poner en práctica esas frases para tener una vida “perfecta”.

¿De qué vale que le diga a mis hijos que vivan el presente, si yo estoy haciendo de ese presente una experiencia difícil y si además me ven preocupada por el mañana cuando el día apenas está comenzando?… ¿Si ven que no puedo ni siquiera sentarme a ver una película porque tengo que doblar ropa?

Para enseñarle a nuestros hijos a disfrutar el momento necesitamos mostrarles cómo hacerlo.  Es importante enseñarles que no siempre tienen que estar ocupados. Además, necesitamos tener cuidado de que las pequeñas distracciones del día a día no nos roben los recuerdos más importantes con ellos, pero ¿cómo hacemos todo esto? Las acciones hablan más fuerte que las palabras y, como padres, todas nuestras acciones están siendo observadas constantemente. Nuestros hijos están aprendiendo de lo que nos ven hacer... ¿Los estamos escuchando a medias mientras revisamos el mail o nuestras redes sociales? ¿Los dejamos hablando solos para contestar un mensaje de texto? Si queremos que nuestros hijos nos presten atención, debemos prestarles atención. Dejemos verles que estamos viviendo en el momento, en el presente. Aun desde muy temprana edad, los niños saben cuándo nosotros estamos conectados emocionalmente con ellos.

Aquí hay unas ideas para enseñarle a tus hijos a vivir y disfrutar el momento:

Diles una cosa a la vez: Yo no sé si todas las mamás hacen esto, pero muchas veces yo les digo a mis hijos que hagan cinco cosas a la vez y, la verdad, a ellos eso no les gusta. Ahora que son mayores les digo que cuando yo caiga en ese error, ellos me ayuden haciéndome caer en cuenta. Ellos me dicen: “solo podemos hacer una cosa a la vez” -y  no lo dicen de mala forma- sencillamente es la verdad.  Continúo pensando que puedo hacer muchas cosas a la vez y antes me sentía orgullosa de esta habilidad, pero ahora me he dado cuenta que después de todo eso no es tan bueno.

Acepta no saber: Hacer planes es necesario, importante y divertido. Tener objetivos nos da dirección y motivación. Necesitamos cronogramas y horarios para hacer nuestros sueños realidad, pero a veces nos preocupamos demasiado sobre el futuro. A veces queremos controlar todo y tener certezas, pero cuando nos damos cuenta que no hay mucho que podamos controlar encontramos libertad y fluidez. Necesitamos enseñarle a nuestros hijos que los planes sí son maravillosas guías, pero no camisas de fuerza. Es bueno que los niños aprendan que no siempre van a obtener lo que quieren y que no por eso deben desanimarse, pues si trabajan fuertemente y dan lo mejor de sí mismos, buenas cosas sucederán en algún momento; incluso mejores de lo que habían planeado. Así que sé flexible y deja que la espontaneidad sea parte de tu vida. Deja un espacio para cambios de última hora y aprende a sentirte bien con no saber a veces qué va a pasar y a qué horas va a pasar.

Define áreas y momentos libres de tecnología: La tecnología es maravillosa y poder estar conectados es un gran beneficio, pero también es necesario tomar tiempo para desconectarnos. Para que nuestros hijos aprendan a vivir en el momento, necesitan dejar a un lado la tecnología, así se pueden enfocar en lo que los rodea en vez de estar solo mirando las pantallas de sus aparatos electrónicos. En su libro “The Big Disconnect”, Catherine Steiner-Adair explica el impacto negativo que nuestra dependencia de la tecnología está teniendo en el desarrollo de nuestros hijos: “Mientras padres e hijos están disfrutando de tener acceso constante a todo y a todo el mundo en internet, están sufriendo por mantener una conexión real con cada persona en sus propias casas.” Es triste pensar como los aparatos electrónicos están interfiriendo tanto en la forma en como los niños aprenden a relacionarse con sus familiares, lo que seguramente afectará sus relaciones futuras.

Haz lo que te gusta hacer:  En su libro Daring to be Yourself Alexandra Stoddard afirma que “No vivimos nuestras vidas de año en año o de mes en mes; vivimos de momento en momento”. Eso es lo que se queda en nuestra mente: los momentos especiales. Esos momentos son los que les estamos dejando a nuestros hijos. Deja que tus hijos te vean haciendo lo que te gusta hacer e invítalos a que te acompañen o a que ellos hagan lo que les gusta hacer. Entrena tus sentidos para simplemente ser, escuchar, oler, apreciar el cielo, las flores, los árboles. Camina más, explora más, saborea más. Vive a un paso lento en medio de la prisa.

La mayoría de nosotros tenemos vidas agitadas, créanme yo lo sé.  En nuestra familia tenemos tantas cosas sucediendo a la vez, y sé que muchas personas nos ven y piensan que tenemos una vida  demasiado ocupada. Y sí, puede parecer un poco caótica, pero en medio de esas carreras encontramos tiempo para hacer lo que vale la pena. Siempre nos reunimos como familia, nos sentamos a comer y compartir nuestras comidas para reírnos y hablar un rato. De alguna forma, encontramos nuestra propia manera de disfrutar nuestro ahora.

Todos somos diferentes. Te pueden dar ideas, pero nadie te puede decir exactamente cómo disfrutar tu presente o cómo enseñarle a tus hijos a hacerlo. Busca tu forma, habla con tu familia y juntos decidan cómo van a vivir el momento. No dejes que la vida se convierta en una lista agobiante de cosas por hacer, deja que sea una celebración y una celebración merece tiempo para disfrutarla.

Por Manuelita

 

¿La fórmula perfecta para criar hijos?

manuelita otero

Como padres queremos que nuestros hijos sean felices. El problema es que a veces creemos que siempre sabemos lo que los hará felices y terminamos imponiendo nuestras ideas, nuestros puntos de vista, creencias y sueños en nuestros niños.

¿Alguna vez has hecho algo para satisfacer a tus padres? ¿Realmente quieres que tus hijos hagan cosas solo para que estés feliz o para buscar tu aprobación? o ¿Quieres que sean libres para ser ellos mismos y persigan sus propios sueños?

Hay una línea muy delgada cuando se trata de ser padres. Necesitamos guiar a nuestros hijos, animarlos a tomar buenas decisiones, ayudarlos a que enfrenten dificultades para que aprendan y crezcan. Y, al mismo tiempo, necesitamos darles la libertad para tomar sus propias decisiones sin depender de la aprobación de otros, incluyendo la nuestra.

Criar niños fuertes es una tarea de toda la vida.  No podemos comenzar a enseñarle a nuestros hijos a que sean responsables por sus acciones cuando sean unos jóvenes; hay que comenzar en el momento en el que nacen porque todo lo que escuchan, experimentan y ven va a  moldearlos y afectará su futuro.

Tenemos un gran impacto en nuestros hijos y este debería ser positivo. Eso no significa que siempre vamos a hacer las cosas bien. Ser padre es una de las labores más difíciles que haremos en nuestra vida. No podemos compararnos con nuestros amigos o con las familias perfectas que vemos en televisión. Necesitamos conocer a nuestra familia, a cada miembro de ella y así poder crear nuestro propio estilo familiar, donde cada uno pueda ser libre para ser sí mismo. 

Nadie tiene la fórmula secreta para criar hijos. No ha sido definida porque sencillamente cambia a medida que nuestros hijos crecen y se desarrolla a medida que maduramos. Es un proceso continuo, un proceso precioso.

Cuando un niño tiene un fuerte sentido de amor propio, él o ella estará listo para enfrentar presión, bullying, crítica, rechazo o cualquier reto que los padres desearíamos que nunca tuvieran que afrontar. No solo sobrevivirá entre las dificultades, sino que crecerá y prosperará. No siempre vamos a estar presentes para proteger a nuestros hijos, por lo tanto debemos prepararlos para que lo hagan por su propia cuenta.

Entonces, ¿cómo podemos enseñarles a nuestros hijos a que se sientan libres para ser quienes realmente son?

- Ejemplo: El ejemplo puede poner un poco de presión sobre nosotros, pero no hay forma de evitarlo. Nuestros hijos ven todo lo que hacemos, escuchan todo lo que decimos y nos conocen mejor de lo que nos imaginamos. Lo quieran o no, nuestros hijos muchas veces terminan imitando lo que hacemos.  ¿De qué nos sirve decirles a nuestros hijos que amen lo que hacen si nos escuchan quejarnos diariamente de nuestro trabajo?  ¿De qué nos sirve enseñarles a que no juzguen, pero criticamos a cualquier persona que parece “diferente”?

- Experiencias: Mi hijo trató varios deportes antes de descubrir su amor por el tenis. Eso significó largas horas manejando para llevarlo a un lado y al otro, esperando y claro una inversión financiera, pero valió la pena porque encontró su pasión. Mi hija, por su parte, siempre supo que quería actuar, y las experiencias en la vida le han dado un punto de vista más amplio, una perspectiva diferente que puede transmitir en los personajes que interpreta.  

Todos necesitamos experiencias en la vida, necesitamos romper la rutina, tratar cosas nuevas, los niños se benefician de estar expuestos a diferentes situaciones. Todos necesitamos viajar lejos o cerca, explorar la ciudad, visitar museos u otros lugares culturales, ir al teatro, visitar a familiares y conversar con ellos. Enséñales a tus hijos a buscar lo que los apasiona y, una vez lo encuentren, a dedicarse con disciplina y alegría.

- Consejo: Como padres, ¿por qué establecemos reglas en la casa? Para guiar a nuestros hijos, para protegerlos y para enseñarles. Las reglas no son malas, pero a veces las presentamos en una forma negativa. Más que una lista de reglas, los niños necesitan consejo y procedimientos para que los recuerden más tarde cuando las situaciones se presenten. Los límites son necesarios y deben ser respetados. Las normas son las base para que luego nuestros hijos tomen sus propias decisiones sin necesidad de que alguien esté siempre encima de ellos. No hay necesidad de tener una pelea por el poder en el hogar. Debe ser muy claro que los padres son la autoridad y las guías establecidas se deben ver en forma positiva para que añadan al desarrollo de nuestros hijos. Siempre habrá forma para burlar las reglas, pero el buen consejo siempre se recuerda.  

- Amor incondicional: Decirle a nuestros hijos que los queremos sin importar lo que suceda es poderoso. Ellos necesitan escuchar esto a menudo para que sepan que no basamos nuestro amor en su éxito, sus notas, sus logros o en lo que hagan. Los niños necesitan saber que son amados aún cuando se equivocan.  Nuestros hijos quieren que nos sintamos orgullosos de ellos, por eso esconden las cosas negativas que han hecho, pero si sienten que pueden venir a nosotros con confianza, de una situación negativa pueden resultar muchas cosas positivas.

Nuestros hijos crecen rápido y el tiempo que están en nuestro hogar, que es cuando podemos tener una mayor influencia sobre ellos, se pasa velozmente. Así que necesitamos aprovecharlo. No podemos aislar a nuestros hijos de la realidad de la vida, deben verla con nosotros para que cuando salgan por su propia cuenta la puedan enfrentar sin estresarse, sabiendo que pueden hacer un impacto positivo en el mundo siendo quienes son y disfrutando cada minuto.

Por: Manuelita

Querernos Más, Cansarnos Menos

manuelita otero

“Aunque seamos esposas y madres seguimos siendo mujeres”*

¿En qué momento tantas mujeres que conozco dejaron de cuidarse, consentirse y descansar como lo merecen? Esta es una pregunta que me ha dado vueltas y más vueltas en la cabeza en los últimos dos o tres años.

Tal vez, la razón de que esté pensando mucho en este tema es porque estoy en ese preciso momento de la vida en el que la mayoría de mis amigas, mujeres muy lindas y valiosas -valga la pena la anotación-, están empezando a cambiar sus prioridades porque sencillamente están cambiando su ritmo de vida. Decidieron irse a vivir con alguien, tener hijos o casarse -en cualquiera de estos casos- con la idea de empezar una nueva familia. 

Con este cambio de vida empecé a recibir no muchas sino muchísimas invitaciones a despedidas de solteras, matrimonios, onces, baby showers y piñatas. Y me siento muy feliz cuando aparece uno de estos eventos en el panorama porque inmediatamente se convierte en una de esas pocas oportunidades que tendré en el año para compartir, “echar chisme” y reírme con las que hasta hace unos pocos meses eran casi como mi sombra; es decir, mis amigas inseparables del alma.

Más allá del éxito de la convocatoria de cada una de estas reuniones, debo admitir que, en medio del ajetreo que cada una tiene como anfitriona de su celebración yo, personalmente, las veo hermosas, lindas, radiantes, alegres y seguras, pero también debo confesar que hay un momento en el que parecen desplomarse de cansancio casi como si se estuvieran arrepintiendo de haber organizado esto o aquello o, como si, de alguna manera, se estuvieran arrepintiendo de llevar la nueva vida que llevan. Y ahí, entre lo uno y lo otro, hay una línea delgada que es precisamente eso: una línea delgada en la que pareciera que la realidad del corre-corre del día a día que hay detrás de muchas de esas vidas le gana a la alegría de ver a las personas que quieren y al entusiasmo. 

Pero, ¿de qué realidad hablo? de la que finalmente nos terminamos contando por mensajes cortos de texto en medio de nuestras carreras, por correos electrónicos que parecen hasta terapéuticos, en almuerzos que finalmente logramos cuadrar después de “miles” de intentos y en llamadas en las que decidimos ignorar nuestro plan de minutos así, mientras hablamos, estemos preparando algo de comer, leyendo algo del trabajo, viendo un vestido de novia o haciendo una tarea de kinder. Y, la verdad, es que esa realidad que por fin nos logramos contar, la mayoría de las veces, está llena de estrés por exceso de tareas y metas por cumplir y de cansancio, preocupaciones y angustia por “falta de tiempo” para hacer una cosa o la otra. Puede que algunas de estas preocupaciones en algunos casos no sean realmente graves, pero al fin y al cabo son preocupaciones que, como cualquiera de su especie, quitan energía, roban sueño y entristecen un poco el alma. 

Cuando noto todo ese cansancio es cuando no puedo evitar preguntarme ¿En qué momento fue que tantas mujeres dejamos que cosas que no deberían preocuparnos tanto, como un mercado que se puede postergar o una diligencia que no es vital nos preocupen al punto de hacernos sentir cansadas y estresadas frecuentemente, al punto de que olvidemos hacer lo que de verdad nos gusta? ¿En qué momento fue que permitimos que el rush normal de tener una nueva familia nos invada más de la cuenta?... porque sí la verdad es que muchas veces nos invade más de la cuenta… invade nuestro tiempo, nuestros sueños y hasta nuestra esencia y forma de ser. Y, claro, no es que sea culpa de nuestra nueva familia porque al final del cuento las únicas dueñas de nuestro tiempo somos nosotras mismas.

Creo que no se trata entonces de desconocer todas las cosas bonitas y alegrías que puede traer esta nueva vida familiar, pero mucho menos se puede tratar de resignarnos a vivir cansadas por pretender, muchas veces, hacerlo todo, controlarlo todo y tratar de tener una familia casi perfecta; así ni cuenta nos demos de que eso es lo que estamos haciendo.

Como somos nosotras mismas las que podemos organizar nuestro tiempo, entonces también somos nosotras mismas las que podemos tomar la decisión de querernos, consentirnos y cuidarnos antes de querer, consentir y cuidar a los demás. Sólo así se logra el equilibrio. Sólo así logramos valorarnos y amarnos como lo merecemos. Sólo así se logra que nuestros hijos, si los queremos tener, algún día digan -sin dudarlo- que se quieren “valorar y cuidar como lo hace su mamá”. 

Mi invitación es entonces a que nos demos cuenta de todo el valor que tenemos como mujeres al tener la disposición, la fuerza y el deseo de tener y cuidar a una familia sana y feliz. Para eso se necesita valentía y coraje. Y, finalmente, eso somos: mujeres valientes que en su día a día podrían quererse más y cansarse menos... ¿Cómo ? ¿Si existen formas realistas de hacerlo? Sinceramente, creo no hay muchas sino muchísimas formas. Por ahora, quisiera compartir algunas que, sin tanto complique y aplicándose pronto, me han funcionado y mucho: 

 

  • Dedica un día a la semana para buscar y aplicar “trucos” de belleza sencillos en los que creas y que no demanden mucho tiempo sino lo tienes.
  • Planea al menos una vez al mes un plan que ames hacer y que sea realmente tuyo (Mejor, sino depende de tu nueva familia).
  • Si estás casada y tienes hijos, negocia con tu esposo, espacios sagrados para que cada uno pueda hacer “pereza” un buen rato. Y no se trata del típico tiempo de sueño o descanso en las noches. No. Se trata de poder sacar algunas horas un sábado, un domingo o un festivo para leer un rato, ver televisión, dormir tarde, pensar sin afán, escuchar música, entre otras miles de opciones. 
  • Enséñale a tus hijos desde pequeños a que respeten tus espacios. (Si los respetan, entenderán que los mereces y un día hasta te animarán a que los tengas y los disfrutes)
  • Piensa que en realidad “no pasa nada…” No pasa nada si te quedas un sábado o un domingo descansando y sin organizar ningún tipo de plan. ¡Ninguno!; si rechazas amablemente algún almuerzo familiar porque te sientes cansada y con ganas de estar sola un rato; Si le dices de frente a tu pareja que necesitas un par de horas para tí y sólo para tí; Si un día en el mercado piensas primero en tus antojos antes de pensar en los de tus hijos y la plata ese día sólo alcanza para los tuyos… de verdad no pasa nada. Por lo menos, nada grave de lo que valga la pena preocuparse.

PD: Esto que escribí lo dedico de corazón y con cariño, mucho cariño, a mis hermanas del alma… a mis amigas de la vida. Es decir, a las que conozco en las buenas y en las malas.

Por Ana

*Marcela Mar || Actriz colombiana || Revista Esquire edición No. 52 - Colombia, septiembre de 2014.